Cómo retomar una rutina llena de incertidumbres: «Toca hacer un ejercicio de aceptación, no podemos huir»

En un año en el que la incertidumbre se ha convertido en esa compañera de viaje a la que hemos tenido que hacer hueco en nuestras vidas a causa de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus, los tiempos en que septiembre era solo sinónimo de síndrome postvacacional parecen muy lejanos. El verano 2020 ha sido extraño para todos, muchos no han tenido vacaciones, la mayoría de los que han podido salir han vivido experiencias ‘made in Spain’ y otros han aprovechado este periodo estival para reencontrarse con los familiares y amigos que dejaron de ver por la pandemia.

Por desgracia, el final del verano no solo va a traer consigo la vuelta a las rutinas sino el retorno más atípico e incierto a las escuelas o el regreso a las oficinas y a las aglomeraciones en el transporte público en un momento en el que se incrementan los rebrotes. Si el pasado año una encuesta desarrollada por Lee Hecht Harrison señalaba que un 41 por ciento de los trabajadores españoles sufría de síndrome posvacacional – sensación de falta de energía, desmotivación o tristeza por la vuelta a las responsabilidades-, ¿cómo debemos afrontar este septiembre este proceso de readaptación con el añadido de la situación epidemiológica que se vive actualmente?

El problema es que después de estar en un periodo vacacional en el que las emociones las tenemos en otro modo y nos encontramos más relajados hay que reajustarse a la carrera diaria: bien sea con los colegios de los niños, las universidades, los trabajos u otras responsabilidades. Por eso, siempre a principio de curso e, incluso, a principio de año sentimos una especie de ansiedad o estrés que también se asocia con querer encajar en una rutina rápidamente y con nuestras propias expectativas por buscar un estándar de excelencia. A esto, además, hay que sumar que solemos ponernos objetivos un poco inviables como ‘y ya de paso me apunto al gimnasio porque en verano he cogido peso’ o ‘me voy a apuntar a inglés porque quiero aprender idiomas’”, explica la psicóloga Sonia Diéguez, miembro del equipo de Psycast y profesora del CES Cardenal Cisneros de Madrid (centro adscrito a la Universidad Complutense).

La especialista aporta una serie de consejos que pueden hacer más llevadera y a afrontar con mayor realismo esta vuelta a la rutina: “Lo primero sería intentar adaptarnos al ritmo despacio, tranquilamente, siguiendo un poco la inercia natural de reajuste de mi persona o de toda la familia con la que conviva”. Para Diéguez también es fundamental marcarse objetivos realistas: “Basta con uno no intentar abarcar siete cosas nuevas. Y si queremos incorporar algo nuevo a la rutina tenemos que centrarnos en los pequeños pasos. Por ejemplo, no puedo pretender correr la maratón de marzo mañana mismo, sino poco a poco incorporándome al gimnasio y al entrenamiento”.

La psicóloga insiste en retrasar la toma de decisiones hasta el regreso al hogar porque “cuando estoy en la playa descansando o en el pueblo tumbado en el prado con las vacas no es el momento ideal de marcarme objetivos para la vuelta a la rutina. Porque luego llega septiembre y tengo la emoción en otro tempo y me estreso por no poder cubrir las expectativas que tenía en verano”. Diéguez señala que estos nuevos objetivos deben marcarse estando ya dentro de la rutina habitual.

Y por último, reflexionar sobre por qué los propósitos de otros años no se han podido llevar a cabo y planificar si esta vez van a ser realmente factibles. “Si no he tenido tiempo en mayo o junio para hacer una nueva tarea tengo que valorar si ahora va a ser viable y no incorporarla como un estresor más”. La experta añade que, además, la situación excepcional por la que hemos pasado y seguimos pasando se convierten en un factor añadido: “El simple hecho de volver a una normalidad diferente y adaptarnos después de haber estado teletrabajando o con los niños en casa, ya en si genera un poco de ansiedad por lo que tenemos que ir encajándolo en la rutina despacio, de forma progresiva y aceptando que forma parte del nuevo contexto. Y a esto añadir la propia vuelta a la rutina de todos los años y sumar los nuevos objetivos”.

Esta vuelta a una ‘normalidad diferente’ puede traer consigo cierta ansiedad e incluso miedos ante la exposición, de nuevo, a ciertos espacios: contacto con los compañeros de trabajo, reunión de niños en el colegio, citas médicas en los hospitales o aglomeraciones en los medios de transporte público. ¿Cómo superarlos o, al menos, aprender a vivir con ellos? “Pasa por hacer un ejercicio de aceptación de que este es un nuevo contexto y no podemos huir de ello porque no podemos dejar de trabajar ni dejar de escolarizar a nuestros hijos. También estamos viendo que hay repuntes, que los datos indican que hay que ser prudentes y que está habiendo más contagios de los que se esperaban. Por tanto, lo primero es exponerse a lo necesario: obligaciones laborales, escolares… e intentar evitar grupos grandes de ocio de los que sí podemos prescindir un tiempo”.

La psicóloga recomienda buscar un término medio en esta exposición. “Un ejercicio que puede ayudar es imaginarnos la situación despacio en casa. Hacer una exposición en la imaginación con todo lujo de detalles para ir acostumbrando a mi mente a este ejercicio, de tal forma que mi mente se puede ir habituando a la sensación antes de hacer la exposición directa de ir al colegio, a trabajar o a otro tipo de tareas”.

Sobre el miedo a un nuevo confinamiento en los próximos meses, la experta explica que “hay personas a que les provoca muchísima angustia, ansiedad y anticipación una situación que todavía no ha llegado; pero al haberla conocido su mente les está llevando a futuro y a sentir ya lo que podría ser aunque nunca llegue”. Gestionar bien esta situación, dice, pasa por fomentar, sobre todo, el momento presente. “Cuando la mente se nos va a futuro todo lo que sea anticipación nos lleva a la ansiedad y al estrés. Igual que cuando la mente nos lleva a recuerdos del pasado nos traslada a momentos tristes y nostálgicos muchas veces. Por lo tanto hay que fomentar actividades que nos lleven a estar presentes: técnicas de relajación, respiración, meditación, mindfulness, deporte, actividades artísticas como pintar o tocar un instrumento… Si sigo unas rutinas y hago cosas que me mantengan tranquilo, centrado y en el presente, cuando venga un pico de ansiedad será mucho menor que si yo de entrada parto de un nivel de activación diario mucho más elevado”.

Insiste, además, en evocar el momento pasado como un refuerzo para afrontar un futurible confinamiento: “Ya sabemos pasar una situación así por lo que puedo explicarle a mi mente que ya sé cómo es ese camino, sé lo que es estar confinado, sé cómo hacerlo y cómo estar mejor en esa situación. Si viene un posible confinamiento no sabemos si va a ser igual, más corto, más largo o quizás ni siquiera llegue pero lo que sí sé es que puedo gestionarlo y sobrevivir a ello. Por lo tanto, hay que partir desde la tranquilidad de que es una situación ya conocida”.