Resiliencia en tiempos de la Covid-19: ¿cómo podemos enfrentarnos a esta situación adversa y obtener un aprendizaje?

La crisis sanitaria del coronavirus ha provocado un profundo impacto en la población a nivel económico y social y, sin duda, también ha tenido efectos en la salud mental de muchas personas. Meses antes de la declaración del estado de alarma no nos hubiéramos imaginado que íbamos a pasar un confinamiento, ni que tendríamos que acostumbrarnos a mantener la distancia física o a llevar mascarilla de forma obligatoria.

Nuevos hábitos que hemos tenido que normalizar y adaptar a nuestra rutina diaria. Sin embargo, la incertidumbre y el miedo a lo desconocido han alterado el bienestar psicológico y emocional de buena parte de la población, dando lugar a conductas obsesivas, fobias e incluso trastornos psicológicos como el estrés postraumático.

Sin embargo, esta situación es una oportunidad para desarrollar la capacidad de resiliencia que tenemos los seres humanos. Una palabra que hemos escuchado durante estos meses en muchas ocasiones pero, ¿qué significa realmente?

Se trata de «la capacidad que tenemos las personas de adaptarnos a situaciones críticas o adversas, superarlas y salir con un aprendizaje«, explica a 20minutos la doctora en psicología y vocal del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, Isabel Aranda. Por lo tanto, no solo se trata de enfrentarse a una situación difícil, sino de adaptarse de forma positiva y ser «capaces de aprender y mejorar», añade.

Nos encontramos ante lo que se conoce como una «situación de catástrofe» que no afecta a todos por igual, «en algunos casos porque somos capaces de relativizar lo que sucede y en otros no», indica la psicóloga.

Pero, ¿por qué a algunas personas les resulta más difícil desarrollar esta capacidad? En primer lugar, «a la hora de actuar de forma resiliente intervienen variables -tanto personales como contextuales- y frente a lo que comúnmente se pueda pensar, el mayor peso no se encuentra en la genética, sino en el aprendizaje», subraya a 20minutos la psicóloga general sanitaria y terapeuta contextual, Marina Bazaga.

Nuestra historia de vida, las experiencias personales y las relaciones sociales nos construyen como persona y, desde ahí, «se puede entender la variabilidad de respuesta que existe entre unos y otros individuos frente a un mismo contexto», añade la experta.

El impacto de la pandemia puede haber afectado de forma diferente a aquellas personas que poseen competencias de afrontamiento, por diversas situaciones que hayan vivido previamente. Mientras, en otros casos, «la exposición al propio contexto adverso habrá promovido que el individuo despliegue comportamientos que, de no verse en el mismo, quizá no habría llegado a poner en marcha», aclara. De tal manera que «hasta que no acercas la lupa» no se puede entender qué factores explican los comportamientos de cada persona.

La realidad que estamos viviendo puede generar diferentes emociones y es normal que experimentemos episodios de ansiedad, desesperanza, dolor, tristeza o inquietud. «Se trata de un contexto en el que han podido proliferar nuevos miedos hasta antes no experimentados, pero comprensibles a la luz de lo que ha acontecido»

¿Cómo podemos enfrentarnos a situaciones adversas como la actual desde la resiliencia? Lo primero de todo es no generalizar, «puesto que lo que puede serle útil a una persona para una situación tan excepcional como la actual, puede no serlo para otra», por lo que es vital «atender las circunstancias concretas y sus posibilidades», detalla Marina Bazaga.

Esta situación, mantenida en el tiempo durante meses, «produce un desgaste enorme» y por esta razón es importante «dar un mensaje de que somos capaces y de que tenemos esa fuerza interior para poder superarlo», destaca la psicóloga Isabel Aranda. En el caso contrario, «lo que hacemos es impedir que se desarrolle esa capacidad de resiliencia».

Una de las principales recomendaciones para enfrentarnos a situaciones de este tipo es no partir de la premisa de «tener el control a toda costa», apunta Marina Bazaga, ya que «no solo no va a ser posible, sino que puede ser contraproducente». De esta manera, el proceso de adaptación conlleva una flexibilización de nuestras rutinas ante los cambios.

«Con los cambios aparecen nuevas sensaciones, sentimientos e ideas. Abandonar la lucha contra todos estos eventos de carácter psicológico, a pesar de lo incómodos que pueden resultar, para llevar la atención a las acciones significativas que cada uno pueda poner en marcha puede ser la manera de seguir viviendo, a pesar de la adversidad», explica.

En este sentido, identificar y reconocer ese malestar «facilita el ejercicio de apertura y la regulación emocional», lo que incrementa la resiliencia. Por otro lado, buscar una red de apoyo social efectiva «favorece una experiencia emocional más enriquecedora».

Otra cuestión importante a la hora de abordar esta situación adversa «es pensar que hay futuro y preguntarnos qué estamos aprendiendo«. Esto favorecerá el desarrollo de nuestra resiliencia, «que siempre se puede estar estimulando», señala al respecto Isabel Aranda.

Es común que aparezcan pensamientos de inquietud y de alarma ante lo que está pasando, pero no se puede minimizar el efecto que producen los pensamientos positivos. «De aquí no salgo, me voy a contagiar… Si entras en este pensamiento lo somatizas y terminas enfermando con depresión o estrés». Por eso es muy importante «tener esperanza de que de esta salimos, aunque sea con dificultad». Esto es clave para estimular el desarrollo de la resiliencia.

Una de las actitudes que podemos trabajar para ser más resilientes es «reducir el nivel de autoexigencia» para facilitar la adaptación, tal y como aconseja la experta en terapia contextual, Marina Bazaga. Por otro lado, hay que ajustar las expectativas ante los cambios para facilitar la consecución de los objetivos, así como «recordar que hay variables ajenas a nuestro control», por lo que hay que centrarse en el día a día y en lo que sí se puede hacer.

Avanzar de forma progresiva y «distinguir entre lo urgente y lo importante» puede ayudarnos a priorizar nuestra nueva rutina. Por último, la experta destaca que es importante «mantenerse encaminado hacia lo que es significativo para cada uno» y «dar cabida a todo lo que tenga que ser sentido», pues es inevitable que experimentemos todo tipo de emociones durante este tiempo.