Cómo elegir la almohada perfecta

Dormir las horas suficientes y que el sueño sea de calidad y reparador es indispensable para disfrutar de una buena salud. Para conseguir que así sea influyen muchos elementos, desde tener una buena higiene del sueño, controlar el estrés y tener un colchón y una almohada adecuados para ti. Del primero se habla mucho, pero la almohada no es menos importante. Para elegir la correcta hay que tener en cuenta algunos factores.

A la hora de decidirte por una almohada o por otra este es, sin duda, el factor más importante, pues para evitar dolor de cervicales, contracturas e incluso ronquidos y conseguir respirar correctamente, lo más importante es que cabeza, cuello y columna vertebral estén alineadas. La posición en la que dormimos es determinante.

Boca abajo: Si dormimos boca abajo, lo mejor es que la almohada sea fina (10 centímetros o menos) y blanda. Una almohada demasiado alta no permitirá alinear el cuello con la columna y si además es dura, no nos dejará respirar correctamente, por lo que es probable que aparezcan ronquidos. El látex y la pluma -o similares- es una buena opción en estos casos.

•Boca arriba: En este caso, tanto el grosor como la dureza de la almohada deben ser medios, de entre unos 11-13 centímetros y que permita apoyar bien la nuca y las cervicales sin crear tensión.

•De lado: Para elegir la almohada cuando dormimos de lado, hay que tener en cuenta otros factores, como el tamaño de nuestros hombros. Aun así, en general, deberemos fijarnos en que el ángulo que forman hombres y cuello, que debe ser de 90 grados para no levantarnos con torticolis. Una firmeza media -por ejemplo, la que conseguimos con la viscoelástica- suele funcionar bien en todos los casos, pero es mejor probar, porque influyen más factores, como el peso de la cabeza.

Nuestro tamaño, sobre todo el de los hombros y la cabeza, también influye a la hora de elegir una almohada, especialmente si dormimos de lado.

•Hombro estrecho. Las personas de complexión pequeña deberán buscar almohadas de tamaño pequeño o medio y de firmeza media o ligera, como espuma, viscoelásticas o sintéticas.

•Hombro medio. Para las personas que tengan un hombre medio son ideales las almohadas de viscoelástica.

•Hombre ancho. En estos casos, la almohada ha de ser firme, densa y alta, de unos 15 centímetros.

Para calcularlo con más exactitud existe una fórmula que consiste en medir la distancia entre el extremo del hombro hasta la cara, donde está la oreja). Al resultado habría que sumar entre 2 y 4 cm. según la dureza.

Como ocurre con los colchones, a grosso modo, las personas robustas deberán buscar una mayor firmeza y las pequeñas, una mayor ligereza o adaptabilidad, tanto en la altura como en los materiales.

En la actualidad existen multitud de materiales. La elección dependerá de muchos factores, tanto como de la postura y la complexión hasta los gustos o los precios. Los más comunes son:

Látex. El látex -que puede ser natural o sintético- es un material muy adaptable y firme que ofrece una buena sujeción de la cabeza, por lo que es ideal quien duerme de lado o para personas corpulentas. Es suave, agradable y se ventila muy bien, por lo que es, además fresca para el verano y muy recomendable para quienes suelen sudar por la noche. Al ser antibacteriano, también se recomienda a los alérgicos a los ácaros.

Plumas o plumón. Hechas sobre todo de plumas de pato o de oca, este tipo de almohadas son blandas y, aunque se deforman, vuelven rápidamente a su forma original. Como no sujetan bien el cuello, son ideales para las personas que duermen boca abajo, pero no para las más corpulentas. Al ser aislantes, son perfectas para cualquier época

•Viscoelástica: Se adapta a la forma de la cabeza, así que es ideal para las personas con problemas de cervicales, especialmente para lo que duermen de lado. Genera calor, así que es mejor reservarlas para el invierno.

•Sintéticas. Suelen ser de espuma de poliéster o poliuretano. Son transpirables y suele ser blandas, por lo que son ideales para personas delgadas y niños. Suelen ser económicas, pero su vida útil es menor y tiene efecto memoria, es decir, que suelen tomar la forma cuando cambiamos de postura, por lo que no es recomendable para personas corpulentas o que se mueven mucho.

Una almohada debemos cambiarla al menos una vez cada cinco años. Para conservarla en perfectas condiciones durante este tiempo podemos:

•Airearla y ventilarla a diario, abriendo las ventanas, y dejarla una vez a la semana al exterior un buen rato.

•Darle la vuelta a menudo, como hacemos con los colchones, pero una vez al mes en este caso.

•Si es lavable, lavarla según recomienda el fabricante, que suele ser dos o tres ves al año.

•Usar siempre funda protectora. Además de la funda que usamos con las sábanas, ponle una funda protectora y lávala, al menos, una vez al mes. Más si sudas por la noche.

También es recomendable tener una almohada de las mismas características de repuesto, ya sea para usarla cuando estemos lavando la otra o para llevárnosla de viaje.