Así puede ser el final del Sistema Solar

Los astrónomos conocen el futuro del Sistema Solar. Más o menos dentro de 5.000 millones de años, cuando nuestra estrella haya doblado la edad que tiene ahora, su combustible de hidrógeno comenzará a agotarse. A partir de ese momento, en el núcleo, el helio se fundirá formando oxígeno y carbono, mientras el hidrógeno seguirá alimentando las reacciones de fusión nuclear que harán crecer la estrella alrededor del interior agotado. El Sol se convertirá en una gigante roja que se tragará Mercurio, Venus y la Tierra. Poco a poco, ese envoltorio gigantesco y tenue se irá disolviendo en el espacio, dejando detrás un objeto superdenso que se conoce como enana blanca. Un cadáver estelar con una masa no mucho menor que la del Sol y un tamaño como el de nuestro planeta.

Desde la década de 1990, se han descubierto miles de planetas extrasolares. Unas pocas de las estrellas que orbitan, las de mayor tamaño, acabarán colapsando bajo su propia fuerza gravitatoria para formar estrellas de neutrones —los primeros planetas descubiertos fuera del Sistema Solar, en 1992, fueron varios cuerpos del tamaño de la Tierra alrededor de un cadáver de este tipo—, pero la mayor parte de las estrellas con sistemas planetarios que se conocen terminarán sus días como enanas blancas. Hasta ahora, no obstante, no se había encontrado ningún planeta entero a su alrededor.

Las observaciones astronómicas habían detectado escombros alrededor de enanas blancas, lo que sugería que los planetas devorados durante su hinchazón —lo que le sucederá a la Tierra— acaban reventados. No se sabía qué sucede con el resto del sistema estelar, pero se había planteado que planetas en regiones más alejadas, como Júpiter o Saturno, podrían sobrevivir a los estertores de su estrella y mantenerse en su órbita más o menos intactos. Pero no había pruebas.

Cuando el Sol llegue al final de su vida, dentro de 5.000 millones de años, se convertirá en una gigante roja que devorará la Tierra

Hoy, la revista Nature publica el descubrimiento de lo que parece un planeta gigante orbitando alrededor de una enana blanca. El planeta, bautizado como WD 1586b, está 20 veces más cerca de su estrella que Mercurio y su año dura 1,4 días. Además, este mundo, que se encuentra a 82 años luz de la Tierra, es mucho mayor que su estrella. Con un límite de masa menor que 14 veces Júpiter, es al menos 10 veces más grande y cuando pasa por delante de ella oculta más de la mitad de su tenue luz.

Andrew Vanderburg, autor principal de un trabajo que ha aunado el esfuerzo de investigadores y observatorios de todo el mundo, explica que el hallazgo se produjo cuando buscaban restos de planetas en torno a enanas blancas para “comprender cómo se produce el proceso de destrucción”. En una nota de su institución, el profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE UU) señala que su descubrimiento sugiere que WD 1856b “debió orbitar originalmente lejos de la estrella y de algún modo viajó hacia el interior después de que la estrella se convirtiese en una enana blanca”. “Ahora que sabemos que los planetas pueden sobrevivir ese viaje sin que la gravedad de la enana blanca los desintegre, podemos buscar otros planetas, también de menor tamaño”, concluye.

El nuevo exoplaneta seguirá bajo la mirada de los astrónomos para conocer mejor su naturaleza, pero Vanderburg y sus colegas ya han descartado que se trate de una enana marrón. A veces, este tipo de objetos, a mitad de camino entre una estrella y un gigante gaseoso como Júpiter, aparecen aparejados a enanas blancas. En estos sistemas binarios, cuando una de las dos estrellas se transforma puede acabar devorando a la compañera convirtiéndola en una enana marrón. El tamaño de WD 1856b, demasiado pequeño para ser una estrella de este tipo, parece descartar esa posibilidad. Salvo sorpresas, es el primero de muchos objetos que ayudarán a comprender cómo pueden ser los sistemas planetarios como el nuestro cuando su sol muere.

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