Ha empezado el cole: Madres, padres… ¿y ahora qué?

En el hemisferio norte ya han empezado los colegios en una vuelta al cole inaudita. Mesas individuales, mascarillas, precauciones al entrar, precauciones al salir, a la hora del desayuno, con las extraescolares…

Para los niños, la nueva normalidad tiene distintos colores: hay niños que no quieren ir al cole, en cambio otros están muy contentos de volver y otros tienen una actitud más bien neutra.

¿Como padres, hay algo que podamos hacer para favorecer una actitud positiva en nuestros hijos que facilite su adaptación a la nueva normalidad y el aprendizaje? Absolutamente sí. Como madres y padres estamos constantemente -consciente o inconscientemente- creando contextos de posibilidad o dificultad para nuestros hijos.

Lo hacemos de tres formas: con nuestro estado emocional, con nuestro uso de la palabra y con la atención que les brindamos.

El tono emocional de los padres y madres, determina el de los hijos. Si estamos en tensión y nos sentimos tristes, ellos beberán estas emociones. Si sentimos ansiedad, ellos se contagiarán de ella. Cuanto más pequeños más se empaparán de nuestro estado anímico. Por eso es nuestra responsabilidad tener un estado de ánimo centrado y más bien positivo, la mayor parte del tiempo. Existen muchas formas de facilitarlo. Una de mis preferidas consiste en adoptar una actitud de gratitud frente a la vida, sin importar aquello que ocurra.

Las palabras generan realidades. Si yo digo, “qué pena, estos niños no van a poder socializarse bien al llevar mascarilla” – aunque tal vez, en cierta medida no deje de ser verdad – estaré transmitiendo esta frustración y problema a mis hijos, que no por escucharlo se adaptarían más fácilmente a esta medida.

Por otro lado, es muy común dejarse llevar por el monotema covid-19 en espacios familiares, lo que, aunque no lo parezca, impacta a nuestros hijos siempre con las antenas puestas, generándoles preocupaciones innecesarias. Una forma de neutralizar este efecto es hablar del tema cuando ellos no estén delante y decidir hablar de otras cosas cuando toda la familia esté reunida.

Una forma de asegurar su adaptación e integración en estos nuevos espacios de aprendizaje es escuchándolos, brindándoles lo más valioso que tenemos: nuestra atención. Encontrar un momento durante el día en el que preguntarle cómo se siente, cómo ha experimentado el día, es una acción sencilla y poderosa.

Al hacerlo, es importante de entrada no intentar “solucionar” aquello que nos cuenten, sino más bien centrarnos en escucharlos, articulando con nuestras palabras aquello que nos han contado, lo que les ayudará a sentirse aceptados y comprendidos.

Y por encima de todo, aceptar que, como padres y madres, por mucho que nos esforcemos la estamos ‘pifiando’ constantemente. Estar en contacto con este hecho nos libera de querer ser perfectos, llenándonos de la humildad necesaria para volver a ponernos en pie después de cada tropiezo en la bella y tortuosa senda de la crianza.