Once beneficios que aporta a los niños realizar tareas domésticas y cuáles se recomiendan por franja de edad

Preparar la mochila y la ropa que llevarán al colegio, cocinar su receta favorita, cuidar de su mascota, ordenar sus juguetes o limpiar su habitación. Las tareas domésticas son mucho más que un engorro o una obligación diaria en cada casa. Implicar a los niños en su realización desde pequeños inculcará en ellos grandes virtudes como el respeto a la igualdad entre personas, la responsabilidad y el trabajo en equipo así como un chute de autoestima. Repasamos algunos de los principales beneficios que les reporta:

Cuando un papá o una mamá pide a su hijo que le ayude a realizar cualquier tarea en casa está fomentando, a la vez, su autoestima. El niño recibirá esto como un gesto de confianza y se sentirá valorado por sus padres, lo que aumentará la seguridad en sí mismo.

Realizar desde pequeños tareas domésticas les ayuda a ser más organizados no solo en el ámbito del hogar, sino también en el académico y, ya de mayores, en el profesional.

Contribuir a las obligaciones del hogar fomenta las adquisición de rutinas, ayuda a los más pequeños a organizarse mejor y, por extensión, les hace sentir más seguros. Estos hábitos podrán extenderlos, además, a otros ámbitos de sus vida: rutinas deportivas, estudios, actividades extraescolares… para organizar mejor su tiempo.

Distribuirse y realizar las tareas domésticas entre todo los miembros de la familia contribuye a que el niño se sienta parte de un grupo y fomenta su capacidad para trabajar en equipo compartiendo responsabilidades.

Ya sea haciendo la cama, pasando la fregona, recogiendo los juguetes o preparando una receta con papá y mamá, el niño tiene la oportunidad de potenciar su desarrollo motor: coordinación ojo-mano, agarre, equilibrio, pasos…

Aprendiendo a realizar diversas tareas, los pequeños tendrán más conciencia del tiempo y esfuerzo que suponen. Si a un niño le corresponde pasar el aspirador o lavar los platos a mano, probablemente ensucie menos el suelo la próxima vez que entre en casa, tire menos migas cuando coma o utilice menos utensilios de cocina cuando prepare una receta.

Saber que el buen estado de la casa así como la harmonía y organización de la vida familiar dependen en gran parte de él ayudará a despertar en el niño el sentido de la responsabilidad.

Más allá de los juguetes, los juegos, los parques, el colegio o las tablets, hay otras actividades y otros utensilios que conviene aprender a usar por su gran utilidad para el día a día y, sobre todo, la vida futura: como la lavadora, el lavavajillas, el aspirador, el microondas, la cocina…

Aprender cómo se realizan las tareas domésticas potenciará todo lo relacionado con los sentidos (texturas, olores, colores y formas, sonidos…) así como la estimulación lingüística a través de nuevo vocabulario.

Echar una mano en casa desde niños les ayudará a entender que todos deben colaborar y que cada miembro de la familia tiene un papel en ella, independientemente de su edad o sexo.

Medir las cantidades de una receta, contar los tenedores y platos para la cena, estar pendientes de no derramar la comida del gato o el agua de la jarra… les ayudará a estar más atentos.

¿Y qué pasos debemos seguir para involucrarle en las tareas domésticas?

Hay varios puntos a tener en cuenta:

El principal, enseñarle cómo se hacen: no dejemos que se frustre sin motivo y expliquémosle, paso a paso, cómo debe hacer cada cosa. Nosotros somos su guía.

Ser pacientes: es probable que no lo haga bien o de la manera más perfecta ni la primera ni la segunda ni la tercera vez… No comparemos su trabajo con el nuestro, poco a poco irán perfeccionando la técnica.

Pocas tareas al principio: Antes de pedirle que haga una nueva tarea debemos estar seguros de que ya aprendió la anterior. No hay que atosigarlo y sí estar muy pendientes de su destreza y ritmo de aprendizaje.

Utilizar el refuerzo positivo: Cuando haga una cosa mal no hay que regañarle sino explicarle cómo puede conseguir hacerlo mejor. Y, sobre todo, reconozcamos y valoremos siempre lo que haga bien.

Ayudarle a recordar qué debe hacer: Cuando son muy pequeños estableciendo horarios rutinarios ‘llegó la hora de recoger los juguetes para cenar’ o ‘vamos a regar la planta del balcón como cada tarde’. Cuando ya sepa leer podemos contribuir con un planning o calendario de diseño divertido, colores llamativos o bonitos dibujos, donde añadiremos las tareas que corresponden a cada miembro de la familia.

Adaptar las tareas que pedimos a su edad: pedirle siempre aquellas tareas para las que creemos está ya preparado por edad. Poner el listón muy alto puede implicar que pierda el interés por hacerlas y la confianza en sí mismo.

Estas son algunas de las tareas mas recomendables para los niños distribuidas por franja de edad:

2/3 AÑOS

A partir de los dos o tres años los niños ya pueden recoger y ordenar juguetes, regar las plantas, recoger su ropa, tirar cosas a la basura, comer solos o guardar sus cuentos.

4/5 AÑOS

Con cuatros años pueden sumar otras tareas como poner la mesa, vestirse solos, lavarse, recoger su habitación o fregar platos con ayuda y subidos a un taburete.

6/7 AÑOS

Los seis años son una edad ideal para empezar a hacer la cama, pasar la aspiradora, poner y quitar la mesa, ordenar su mesa de estudio y preparar su mochila para el colegio.

8 AÑOS

Con 8 años los niños ya son capaces de prepararse el desayuno, vaciar el lavavajillas, cuidar de su mascota, bañarse solo, barrer y fregar el suelo y, una de las tareas que más les suele gustar, preparar recetas de cocina con ayuda.

9/11 AÑOS

Un momento estupendo para adquirir responsabilidades más importantes como limpiar su habitación, sacar a pasear a su mascota, preparar y elegir su ropa, limpiar el polvo, preparar comidas sin ayuda y hacerse cargo del cuidado de un hermano pequeño.

12 AÑOS

A partir de los doce años se pueden incorporar tareas como tender y planchar la ropa, sacar la basura, hacer la compra o algún recado, coser un botón o cuidar las plantas o el jardín.