Qué es la miopericarditis que a veces produce el coronavirus

El coronavirus SARS-CoV-2 y la enfermedad que provoca, COVID-19, no han dejado de sorprender a los investigadores en los casi nueves meses que han pasado desde su descubrimiento, sobre todo por la gran cantidad de daños o enfermedades secundarias que puede provocar, algunas de ellas bastante inusuales. Algunas de ellas, según la red colaborativa Siesta (Spanish Investigators in Emergency Situations TeAm), en la que participan 62 hospitales en España, son el Síndrome de Guillain-Barré, el neumotórax o la miopericarditis. Todas ellas se presentan junto con el coronavirus más frecuentemente que con otras patologías.

En el caso de la miopericarditis, según Siesta, el riesgo de padecerla si un paciente tiene COVID-19 aumenta un 45%.

La miopericarditis es la combinación de la pericarditis y la miocarditis, es decir, la inflamación conjunta del miocardio y el pericardio. Si esta inflamación afecta solo al músculo del corazón, hablamos de miocarditis, si afecta a la membrana que recubre el corazón, hablamos de pericarditis y si están afectadas tanto la membrana como el músculo, hablamos de miopericarditis. Según nos contó Dr. Juan Cosín, presidente de la Asociación de Cardiología Clínica de la Sociedad Española del Corazón (SEC), “lo más común es que se produzca una pericarditis, una inflamación el pericardio, que tiene la misma composición que el tejido que tenemos en la garganta, en la faringe…. Un paso más es cuando esta inflamación llega a afectar al músculo cardiaco, que es cuando hablaríamos de miopericarditis”.

Diferenciar unas patologías de otras, es decir, dictaminar si está afectada una de las partes o las dos, no es fácil, pues las manifestaciones clínicas son la mismas, que son básicamente un dolor que varía con la respiración y las posturas. Ambas afecciones suelen ser cuadros de dolor torácico punzante, que aumenta con la inspiración profunda, que empeora al tumbarse boca arriba, y suele mejorar al echarse hacia adelante.

Lo más habitual es que las pericarditis y las miocarditis se produzcan tras un proceso vírico, incluso cuadros leves, como resfriados, “la miopericarditis se suele producir por una infección vírica. El coronavirus es un virus, que además tiene cierto tropismo por las células del corazón. No es tan frecuente como la neumonía, pero sí se han descrito casos de miocarditis y miopericarditis por coronavirus”, señala el Dr. Juan Cosín. Por este motivo, “puede producirse a cualquier edad y acompañarse además de síntomas generales de catarro o venir precedidas por un proceso catarral”.

En el caso del coronavirus, en concreto, algunos estudios apuntan a que un 20% de los pacientes hospitalizados por coronavirus presentaban daño cardiaco con miocarditis, generalmente en pacientes de avanzada edad y/o con patologías previas.

Al tener manifestaciones clínicas similares, hay que hacer analíticas y, si es necesario, otras pruebas que determinen si existe o no miocarditis además de pericarditis, porque, cuando existe miocarditis, se produce una elevación de los marcadores de daño en el corazón, en concreto de las troponinas. “La troponina es una proteína que está dentro de las fibras musculares cardiacas. Cuando este músculo cardiaco se rompe, cuando existe daño en el corazón, esta proteína sale al torrente sanguíneo. Esto es muy característico de los infartos de miocardio y también de las miocarditis. La miopericarditis, generalmente empieza por una inflación del pericardio que contagia al músculo adyacente, el músculo cardiaco”, aclara el Dr. Cosín.

La elevación significativa de estos biomarcadores asociada a la pericarditis, es decir, cuando la pericarditis pasa a ser miopericarditis, acontece en entre el 15 al 30% de las pericarditis, según un estudio publicado en Elsevier.

Otras pruebas que pueden confirmar la existencia de miocarditis son el electrocardiograma, la ecocardiografía -donde se pueden ver alteraciones de la movilidad de la pared del miocardio o un derrame pericárdico-, una cardiorresonancia, donde se ve si hay daño en el corazón, y una biopsia para confirmar, con la que además se puede detectar la presencia de virus y de qué virus se trata.

El pronóstico es, en general, bastante bueno, sobre todo en caso de que sólo exista una pericarditis, pues en la “inmensa mayoría de los casos es una enfermedad banal. En una miocarditis, en cambio, sí es más frecuente que haya complicaciones. Dependiendo de la extensión de esa muerte celular, puede requerir tratamiento e incluso un ingreso, pero casi siempre se resuelve y no suele dejar secuelas, al menos funcionales. Hay otros casos, los menos, que son las miocarditis fulminantes, que en pocos días en corazón falla completamente. Por suerte, este tipo de complicaciones son poco frecuentes”, asegura Cosín.

En las miopericarditis asociadas al Covid-19, Cosín también quiere aclarar que, dependiendo de los estudios, las conclusiones apuntan a un lado o al otro, “hay estudios que dicen que es más frecuente con este coronavirus que con otros virus, pero otros no. El más importante, uno que se publicó en Italia, en el que analizaron mediante biopsias a pacientes con miocarditis, encontraron coronavirus en muy pocos casos”. En lo que sí hay más consenso es en pensar que el daño en el corazón en estos pacientes se deba más a la “‘cascada inflamatoria’ que se produce en la segunda fase de la enfermedad, que a la infección de las células del corazón por parte del virus. Esta excesiva respuesta inflamatoria es muy dañina para el organismo, y produce también daños importantes en el corazón, por eso el uso de corticoides en esta fase de la infección está resultando positiva”. Y es que, el coronavirus puede afectar al corazón de varias maneras diferentes. Por la infección de virus en sí, por la inflamación, puede ser que se desarrollen una neocardiopatía de estrés, por isquemia (cuando el flujo de oxígeno al corazón de reduce) debido a la obstrucción de una arteria, favorece los trompos, etc.

Eso sí, el Dr. Cosín quiere dejar claro que, aunque se dan casos, los daños en el corazón no son tan frecuentes como otros, por lo que pide que este tipo de patologías asociadas al SARS-CoV-2 no se conviertan en “una fuente más de preocupación para la población, pues, no son ni mucho menos, las peores cosas que puede causar el coronavirus”, asegura tajante.