“Detectar un tumor que no puedes curar no genera beneficio y el paciente puede perder calidad de vida”

Según distintas estimaciones, el mercado de los fármacos contra el cáncer supera los 100.000 millones de euros en todo el mundo. La lucha contra la enfermedad requiere grandes inversiones que se suelen concentrar en los centros de investigación punteros, que después necesitan el apoyo de grandes compañías para convertir sus hallazgos en tratamientos para los pacientes. Pero también hay grupos más pequeños y jóvenes investigadores que aún no han adquirido relevancia internacional que aportan sus ideas en un esfuerzo colectivo que hoy, en el Día Mundial de la Investigación contra el Cáncer, recibe un empujón de conciencia y compromiso.

Belén Pastor (Alicante, 1996) trabaja en la Fundación del Instituto de Valenciano de Oncología (IVO). Allí, con una ayuda predoctoral de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en Valencia, está comenzando su carrera científica que se quiere centrar en la batalla contra la enfermedad. “Realmente, yo lo veo un poco oscuro”, dice cuando se le pregunta por el futuro de esa carrera en un ámbito que, pese a las cifras mencionadas al principio, está marcado por la precariedad durante los primeros años. Mientras piensa en el futuro, trabaja en un proyecto del IVO que tiene como objetivo mejorar el diagnóstico del cáncer.

Los médicos saben desde hace mucho que en la sangre se pueden encontrar indicios de que algo no anda bien en el organismo, como cuando se tiene alto el colesterol o las transaminasas. En los últimos años se está avanzando en la aplicación de los análisis de sangre a la detección precoz del cáncer. En el caso del equipo en el que trabaja Pastor, han identificado 18 moléculas, llamadas microARN, que pueden anunciar el inicio de un tumor peligroso. Estas moléculas son una especie de interruptores que activan y desactivan la expresión de los genes. Cuando una célula se vuelve cancerígena, puede detectarse porque estos microARN están alterados y eso podría permitir predecir que algo va mal mucho antes de que ya sea tarde.

“Los pacientes acuden más tarde a las consultas o piensan más en no acudir al centro por no infectarse”

Pregunta. Hasta hace poco, el cáncer era una de las enfermedades que más atención despertaban en la sociedad. Con el coronavirus el interés público se ha desvanecido.

Respuesta. Sí, por un lado, los pacientes acuden más tarde a las consultas, o piensan más en no acudir al centro por no infectarse, que en curarse de algo que ya tienen. La investigación se ha paralizado. Ahora estamos empezando a recuperar, pero la actividad que ya teníamos se paralizó. En muchos centros en los que se trabaja en modelos animales o cultivos celulares se ha perdido mucho trabajo porque son cosas que no se pueden mantener si no se cuidan. Y por otro lado está la financiación. Los fondos económicos no se multiplican. Lo que se ha dedicado a la covid se está cogiendo de otros lados, entre ellos lo que se dedicaba a oncología.

P. ¿Cómo se sabe que esa señal que se detecta va a dar lugar a una enfermedad que realmente sea problemática para el paciente? Con las mamografías, por ejemplo, pasa que en algunos casos se detectan y se tratan tumores de forma muy precoz que nunca habrían supuesto un problema.

R. La biopsia líquida te permite tomar una muestra de un tumor de forma accesible, no es un diagnóstico como tal. El microRNA te permite decir si hay tumor o no, pero es complementario a otras técnicas. Ves el resultado y después puedes pasar a técnicas más invasivas como una mamografía o una colonoscopia que te confirmen si hay tumor. Aunque por sí solos no tengan capacidad de predicción precisa, podrían evitar hacer mamografías o colonoscopias de seguimiento, que si se hacen de forma repetitiva pueden tener efectos secundarios negativos.

Con biopsia líquida también se están buscando marcadores de seguimiento, o marcadores de agresividad, que te indican si un tumor está evolucionando negativamente. Yo con mi tesis doctoral estoy estudiando eso mismo, con cáncer de próstata, marcadores que te indiquen que un tumor que en principio era de bajo riesgo se está convirtiendo en de alto riesgo y por lo tanto necesita un tratamiento más agresivo.

“Lo que se ha dedicado a la covid se está cogiendo de otros lados, entre ellos lo que se dedicaba a oncología”

P. ¿En algún momento se plantearía incluir estos marcadores de riesgo de cáncer en análisis de sangre normales?

R. Lo que hemos publicado y lo que publican otros grupos está en una fase preclínica. Necesitas un ensayo clínico con pacientes voluntarios para llevarlo a la consulta. Una vez comprobado que puede hacerse con un coste bajo y una alta fiablilidad es cuando ya se podría incorporar a un análisis de sangre normal. De no llegar a eso, se haría primero en personas que fuesen de riesgo, en personas con antecedentes familiares o marcadores del inicio de la enfermedad. Pero la finalidad última es incorporarlo a un análisis normal, como se hace hoy en día con el colesterol o cosas así.

P. ¿Cómo se puede lograr un equilibrio entre mejorar los diagnósticos sin convertirnos en enfermos preventivos, obsesionados con el momento en el que en unos análisis vaya a aparecer la señal de que por fin ha llegado la enfermedad?

R. Hay que encontrar el equilibrio, pero ¿dónde está? ¿Te gustaría saber si vas a padecer la enfermedad y vivir sabiéndolo, pero pudiendo predecirlo? Los test están enfocados primero a población de riesgo. Si tienes antecedentes familiares o enfermedades que son genéticas, es necesario controlarlo porque tienes una probabilidad mayor de desarrollarlas. En la población general quizá no sería necesario y en caso de serlo sería solo para aquellos tipos de cáncer en los que una detección temprana aumentaría significativamente las posibilidades de curación porque hay un tratamiento efectivo para esos tipos de cáncer. Detectar un tumor que no puedes curar, no genera un beneficio y el paciente puede perder calidad de vida.

“Estamos con contratos temporales y nunca consigues una estabilidad que te permita dedicarte a esto o seguir una línea de investigación”

P. Está en una fase inicial de su carrera, ¿cómo ve la posibilidad de desarrollar este trabajo en España?

R. Realmente yo lo veo oscuro. Por un lado tienes que conseguir una beca, como la que he conseguido yo. Pero eso te financia a ti, no al proyecto. Así que tienes que conseguir esa doble financiación, y es difícil. Una vez que se te acaba la beca tienes que pedir más y la competencia es muy alta. Y al final siempre llega la financiación a los mismos grupos, los punteros y los que no estamos ahí tenemos que hacernos hueco poco a poco. Nosotros al final siempre decimos alguna vez que nuestro futuro está en el extranjero. Yo espero que pueda estar aquí, pero lo veo complicado. No sé qué pasará conmigo en tres años cuando acabe la beca y mi situación es parecida a la de todos los jóvenes. Estamos con contratos temporales y nunca consigues una estabilidad que te permita dedicarte a esto o seguir una línea de investigación, porque quizá mañana te tengas que ir a otro lugar porque no tienes dinero para continuar.

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