La clave de las ‘cinco micras’: el tamaño de la gota apunta al posible contagio de Covid por aerosoles

Científicos estadounidenses liderados por Kimberly A. Prather, del Instituto Scripps de Oceanografía (Estados Unidos), han reivindicado que «existe evidencia abrumadora» de que la inhalación del virus del Covid-19 a través de pequeñas gotitas conocidas como aerosoles representan «una importante vía de transmisión de la enfermedad».

En una carta publicada en la revista científica Science, los investigadores emiten una opinión que contradice al director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, quien aseguró el pasado jueves que «no hay evidencia científica sólida» de que el coronavirus se transmite en espacios cerrados normales, más allá de los entornos donde se realizan procedimientos médicos con aerosoles».

Esta posición de los expertos que aconsejan a las autoridades españolas encaja en la estrategia del Gobierno presidido por Pedro Sánchez para afrontar la nueva normalidad que, en realidad, es ya segunda ola de la pandemia de la Covid. En las fases de desescalada diseñadas en mayo para salir del estado de alarma, durante la primera ola, se puso el foco en tres medidas: distancia de 1,5 metros-en un principio eran dos metros pero se redujo a petición de Ciudadanos-, lavado de manos y mascarilla. Estas ‘tres emes’ en las que a día de hoy sigue insistiendo el ministro de Sanidad, Salvador Illa, no transmiten la importancia de realizar las máximas actividades posibles en exteriores que ahora ha demostrado la ciencia.

Ya hace una semana, con la Comunidad de Madrid inmersa en la batalla política por la gestión de la pandemia, el epidemiólogo Pedro Gullón lamentaba a 20minutos que no se hubiera puesto el foco en los exteriores. «En general, todas las previsiones que se han hecho en España han sido muy parecidas para espacios tanto interiores como exteriores, con muy poca apuesta por mover las actividades hacia los espacios exteriores. Nos hemos quedado en que lo que importa es la distancia de seguridad, sea en interior o exterior, cuando tendría que haber habido una apuesta más grande hacia espacios exteriores y más restricciones hacia los interiores», argumentaba el vocal de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE).

Por ello, una de las claves para Gullón en estos momentos de la pandemia es priorizar las actividades en el exterior. «Desde el punto de vista epidemiológico, lo mínimo que se pueda hacer en espacios cerrados, mejor«, apuntaba.

Esta recomendación va en la misma línea de la petición realizada este lunes por los científicos estadounidenses, que, además del uso de mascarillas, la distancia de seguridad y los esfuerzos de higiene, instan a los responsables de salud pública a «articular la importancia de trasladar las actividades al exterior, mejorar el aire interior utilizando la ventilación y la filtración, y mejorar la protección de los trabajadores de alto riesgo«.

Asimismo, el equipo liderado por Prather ha pedido «armonizar los debates sobre los modos de transmisión del virus en todas las disciplinas a fin de garantizar las estrategias de control más eficaces y proporcionar una orientación clara y coherente al público».

Los investigadores han aclarado la terminología para distinguir entre aerosoles (menores de 100 micras -µm-) y gotitas (mayores de 100 µm) utilizando un umbral de tamaño de 100 micras, no el histórico 5 µm. «Este tamaño separa más eficazmente su comportamiento aerodinámico, la capacidad de ser inhalado y la eficacia de las intervenciones», apuntan.

El catedrático de Microbiología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Víctor Jiménez Cid, reconoce el debate científico. «Hay muchos estudios que dicen que la transmisión de la Covid se produce predominantemente por gotas mayores de cinco micras, por eso se ha establecido y se mantiene recomendando la distancia física», expone al ser preguntado por las estrategias actuales, basadas en las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.

«La OMS suele dictar cátedra. Para cuidarse en salud, cuando promulga es porque tiene base científica muy sólida y lo de los aerosoles es muy difícil de demostrar porque los aerosoles son casi invisibles, son gotas tan pequeñas que la fuerza de la gravedad no puede con ellas y quedan suspendidas, son menores de cinco micras -una micra es la milésima parte de un milímetro-, pero aun así puede haber miles si proceden de un individuo con una carga viral alta».

Lo cierto, continúa el virólogo, es que solo la inhalación de aerosoles explicaría los eventos de contagios masivos en los que se ha respetado la distancia de seguridad, como el registrado en un coro de Skagit (EE UU), cuando uno de los cantantes infectó a 52 personas en un ensayo, algunas de ellas situadas incluso a varios metros de distancia y detrás del contagiado. Pero se encontraban en una estancia sin ventilación.

Esto es básico para Jiménez, que señala que una «mínima ventilación disminuye mucho el riesgo de contagio» y, agrega, «con mascarilla el riesgo es mínimo». Por eso, recomienda de cara al otoño e invierno «priorizar exteriores» y «ventilar habitaciones, cinco minutos cada hora, sobre todo en estancias con aglomeraciones» como pueden ser aulas, salas de reuniones u oficinas de trabajo.

Los virus en gotitas (más grandes que 100 µm) típicamente caen al suelo en segundos a dos metros de la fuente y pueden ser rociados como pequeñas balas de cañón sobre las personas cercanos. Debido a su limitado alcance de desplazamiento, el distanciamiento físico reduce la exposición a estas gotitas.

En cambio, los virus en aerosoles (menores de 100 µm) pueden permanecer suspendidos en el aire durante muchos segundos u horas, como el humo, y ser inhalados. Están altamente concentrados cerca de una persona infectada, por lo que pueden infectar más fácilmente a las personas que están cerca. «Pero los aerosoles que contienen virus infecciosos también pueden viajar más de dos metros y acumularse en el aire interior mal ventilado, lo que conduce a eventos de superdifusión», ha advertido el equipo de Prather.