Hasta 90.000 personas en España tienen la enfermedad de Chagas, curable pero peligrosa si no se detecta a tiempo

La enfermedad de Chagas es una patología presente sobre todo en América latina y que afecta, según la OMS a unos siete millones de personas, especialmente a los habitantes de zonas rurales. Debido a la movilidad de la población, además de en América Latina, de donde es endémica, ya está presente en zonas urbanas y países como Estados unidos, Canadá o algunos europeas, especialmente en España, donde se calcula que hay entre 50 y 90 mil personas infectadas, muchas de ellas sin saberlo. De hecho, España es el segundo país no endémico donde existe mayor número de casos.

La enfermedad de Chagas es de carácter crónico, silenciosa y potencialmente mortal que, a la larga, puede provocar serios problemas de salud, como patologías cardiacas, digestivas y neurológicas.

La enfermedad de Chagas está causada por el parásito Tripanosoma cruzi, que se transmite de animales infectados que actúan como vector. Existen más de 100 insectos que pueden transmitirla, los conocidos como triatominos, de ahí que la enfermedad se conozca también como tripanosomiasis americana. Los triatominos o chinches riduvieus se conocen popularmente como vinchuca, chinche besucón o chupón.

Estos insectos, que se esconden en las grietas y huecos de paredes o tejados de casas, gallineros, corrales, almacenes… en zonas rurales y suburbanas. Por la noche salen al exterior de las grietas y pican -sobre todo en la cara- a las personas o los animales para alimentarse de su sangre. Al lado de la picadura, depositan sus excrementos. Las personas, al rascarse por la picadura, introducen en la herida de la picadura los excrementos, infectados por T. cruzi. Esta es la principal vía de transmisión, pero también hay otras como comer alimentos infectados, trasfusiones de sangre, donaciones de órganos o de madre a hijo durante el embarazo o el parto. La enfermedad no se transmite de persona a persona, ni de animal doméstico a persona directamente.

En España, donde no existen los insectos vectores, las vías de transmisión más frecuente son la transfusión y el embarazo. Por suerte, desde 2005, se realizan cribados en los bancos de sangre y de trasplantes de órganos y en los embarazos de mujeres procedentes de zonas de riesgo.

Esta enfermedad se caracteriza por tener dos fases, una aguda, que se da nada más producirse la infección, y la crónica que dura años y es la más peligrosa, pues es el la que se pueden producir los daños más grandes en algunos órganos.

La fase aguda aparece tras un periodo de incubación de entre 5 y 14 días (40 si es por transfusión). Durante esta fase, que dura uso dos meses, los síntomas suelen ser leves y cursar con fiebre, dolores musculares y de cabeza, inflamación de los ganglios linfáticos o dolor abdominal o torácico. A veces aparece un párpado morado e hinchando o una zona de la piel inflamada, lo que se conoce como chagoma. Durante esa fase, circula por el torrente sanguíneo una gran cantidad de parásitos, pero en la mayoría de los casos no hay síntomas o son leves y confunden con otras enfermedades, por lo que, en muchos casos, suele pasar desapercibida. En recién nacidos, puede aparecer anemia, meningitis, entre otros signos. Las complicaciones en esta fase son muy raras. Para diagnosticar la infección en este momento de la infección, basta con un análisis de sangre o de otros fluidos, como el líquido cefalorraquídeo. La reacción en cadena de la polimerasa -la tan conocida ahora PCR- también es cada vez más utilizada en esta fase debido a su sensibilidad. También se utiliza para monitorizar la eficacia del tratamiento.

Durante la fase crónica, los parásitos permanecen ocultos en el músculo cardíaco y digestivo y la infección permanece asintomática durante años. Con el tiempo, debido a que los parásitos han invadido algunos órganos, en 40% de los infectados pueden aparecer complicaciones graves, como agrandamiento del corazón, del colon y del esófago, arritmias, dificultades como comer o defecar e incluso derrames cerebrales y muerte súbita por arritmias o insuficiencia cardiaca progresiva. Las complicaciones cardiacas son las más comunes. En esta fase de la enfermedad, se puede diagnosticar mediante pruebas serológicas para detectar la presencia de anticuerpos IgG anti-T.cruzi

En la actualidad existen dos tratamientos disponibles para tratar la infección. Se trata de benznidazol y nifurtimox, dos fármacos que matan al parásito En la fase aguda y en caso de trasmisiones en el embarazo, son muy eficaces y matan al parásito casi en el 100% de los casos. La fase crónica es más difícil de tratar. También pueden utilizarse estos fármacos para evitar que la enfermedad progrese, sobre todo en personas asintomáticas y con otras patologías, pero no suele terminar con la infección y produce muchos efectos secundarios, por eso no se recomienda en embarazadas ni a las personas con insuficiencia renal o hepática. Tampoco se recomienda en caso de adultos infectados que ya presentan complicaciones cardiacas o digestivas por su escasa eficacia y sus importantes efectos secundarios.

En la actualidad, se están investigando nuevos fármacos que puedan dar a lugar a nuevos tratamientos en un futuro próximo.

Al no existir vacuna ni medicamentos muy eficaces en la fase crónica ni que prevengan la enfermedad, lo más eficaz, por el momento, es eliminar la trasmisión vectorial, es decir, estar en contacto con los insectos que la transmiten. Para ello, en las zonas endémicas, la OMS recomienda:

Rociar las casas y sus alrededores con insecticidas de acción residual.

Mejorar las viviendas y su limpieza

•Emplear mosquiteros, mejor impregnados de permetrina

•Utilizar repelentes de insectos.

•Una buena higiene alimentaria, como lavar y almacenar bien los alimentos o comerlo mejor cocinados.

Además, se deberá hacer un cribado de la sangre y órganos donados, y de las embarazadas y sus recién nacidos para tratarlos precozmente. Esto debe llevarse a cabo en todos los países endémicos y en aquellos no endémicos, como España.