Ansiedad, estrés o depresión… pacientes desatendidos en los peores momentos de la pandemia

La emergencia sanitaria del coronavirus ha tenido un profundo impacto económico y social en buena parte de la población, pero también ha afectado al bienestar y a la salud mental de la ciudadanía. Semanas de confinamiento, cambio en las rutinas diarias, reducción del contacto social, pérdida del empleo o fallecimiento de un familiar… Las consecuencias derivadas de la pandemia han provocado un incremento de los episodios de ansiedad, depresión e incluso estrés postraumático.

En este sentido, una de las necesidades actuales es garantizar el bienestar emocional, psicológico y social de la población, sobre todo de aquellos grupos más vulnerables, como pueden ser los profesionales sanitarios o las personas mayores. No obstante, un estudio publicado recientemente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) revela que no todos los pacientes han recibido la atención adecuada que necesitaban durante los peores meses de la emergencia sanitaria.

La encuesta se ha realizado en un total de 130 países durante el periodo comprendido entre los meses de junio a agosto de 2020 con el objetivo de proporcionar información sobre el alcance de los tratamientos interrumpidos en salud mental como consecuencia de la Covid-19.

Uno de los resultados principales del estudio revela que este tipo de servicios se mantuvieron abiertos durante estos meses en el 7% de países, mientras que el 93% restante indica que hubo una interrupción de los tratamientos de salud mental.

Por otro lado, el 60% indica que ha habido una alteración de los servicios de salud mental dirigidos a personas vulnerables, incluidos niños y adolescentes (72%), personas mayores (70%) y mujeres que necesitan servicios prenatales o postnatales (61%). Mientras que los servicios de atención primaria y residencial solo estaban abiertos en algo más del 50% de países.

Cerca de un tercio de los países también ha notificado una interrupción en el acceso a intervenciones, a medicamentos y a tratamientos psiquiátricos. El 35% ha señalado alteraciones en las intervenciones de emergencia, como aquellas destinadas a personas afectadas por convulsiones prolongadas, síndromes de abstinencia y estados delirantes.

Según la OMS, se estima que los países gastan en promedio solo el 2% de sus presupuestos sanitarios en salud mental. Por ello, reivindican que se incremente la inversión en este tipo de servicios al ser «una de las áreas más desatendidas de la salud pública».

Aproximadamente 1.000 millones de personas en todo el mundo viven con un trastorno mental, unas cifras que se prevé que aumenten por la crisis sanitaria de la Covid-19. «El duelo, el ‎aislamiento, la pérdida de ingresos y el miedo están generando o agravando trastornos de salud mental. ‎Muchas personas han aumentado su consumo de alcohol o drogas y sufren crecientes problemas de insomnio ‎y ansiedad», destacaba la OMS en una nota de prensa con motivo del Día Mundial de la Salud Mental el pasado 10 de octubre.

Por ello, insisten en la necesidad de reforzar los programas y tratamientos de salud mental porque «a menos que nos comprometamos seriamente a aumentar la inversión ahora mismo, las consecuencias sanitarias, sociales y económicas tendrán un gran alcance».