Esther Otxoa: «La fotografía fue mi tabla de salvación tras recibir el diagnóstico»

Esther Otxoa (Rentería, 1966) recibió el diagnóstico de un cáncer de mama en el año 2018. Formada como fotógrafa, trasladó su visión de la enfermedad a través del objetivo en El bosque que me habita, una serie de fotografías donde narra su proceso, combinando autorretratos con elementos de la naturaleza. Gracias a la comisaria Lucía Morat, a la Diputación de Guipúzcoa y a la AECC en el municipio, su obra se expone ahora –y hasta el 30 de octubre– en el Espacio Activo contra el Cáncer de Donosti.

Pregunta: Su muestra trabaja un paralelismo constante entre la naturaleza y tu cuerpo, ¿cuáles son los puntos de intersección, qué características comparten esos elementos naturales con su anatomía?

Respuesta: Bueno, es cierto que hay cierto paralelismo entre los elementos del bosque con mi cuerpo, pero sobre todo lo que quise expresar con estas imágenes es mi vinculación con la naturaleza y lo importante que fue para mí a la hora de pasar el proceso oncológico.

Durante los tres primeros meses de tratamiento tuve la suerte de vivir en plena naturaleza y sentí el bosque como un refugio, como una fuente de energía que me sostenía. El bosque como medicina para el alma. Paseaba, contactaba con la energía de los árboles, escuchaba los sonidos del bosque, meditaba….Es lo que los japoneses conocen como Shinrin–Yoku o baños de bosque, que ejercen un poder saludable sobre la enfermedad.

P: ¿Nos explica alguno de esos paralelismos?

R: He jugado, por un lado, con algunas imágenes que a nivel visual son semejantes, en forma y color, y otras imágenes que pueden compartir algunas características con mi anatomía como puede ser la imagen de la planta Cola de caballo, que es rasposa y sus hojas son como púas, con la imagen de mi cabeza perdiendo pelo.

Hay otra imagen que es de una seta con secreción de líquido, que en cuanto la vi me llevó a la imagen de los ganglios que me tuvieron que quitar, porque estaban afectados. Quizás es la imagen más clara. Otra puede ser una fotografía en tonos suaves que sugiere una herida o la cicatriz que queda después de la intervención y que también habla de la herida emocional, siendo la fotografía de un elemento natural, no de mi cuerpo, aunque lo parezca.

Quizás, la fotografía de la manzana tiene un paralelismo más visual con el autorretrato que le acompaña, por el color rojo y la forma circular, tanto de la manzana como de la cabeza sin pelo. Esta manzana habla simbólicamente del deseo (manzana de Eva). ¿Qué pasa con la sexualidad de la mujer durante un proceso así? ¿Nos ocupamos de ella? ¿Cómo influye un tratamiento, las operaciones, en nuestra relación de pareja?

Y el autorretrato me muestra cansada y triste, con mucho peso encima. Muchas emociones que gestionar durante un largo periodo de tiempo.

P: Representa su vivencia de una forma personal e intimista. ¿Qué le aportó la fotografía a la hora de vivir con cáncer de mama?

R: Para mí la fotografía fue mi tabla de salvación. Hace unos ocho años que comencé a hacer fotografía como terapia de la mano de Jorge Fernández Bazaga y Carlos Canal, del colectivo Fotoeduterapia. Utilizamos la fotografía como herramienta que nos ayuda en nuestros procesos vitales y nuestros proyectos son autobiográficos.

Tuve muy claro, tras el diagnóstico, que la vida me ofrecía la oportunidad de poder hacer un proyecto muy íntimo, me permitía también reafirmarme como artista y que sería muy bueno para mí poder expresar la cantidad de emociones que se viven durante un proceso oncológico a través de la fotografía. Esto me ha ayudado a transitar los vaivenes emocionales con más consciencia.

El mismo día del diagnóstico, tenía muy claro que iba a hacer un proyecto. No sabía en qué formato, eso se ha ido concretando con el paso del tiempo, pero cogí la cámara y comencé a documentar todas las visitas al Oncológico. Por otro lado, sabía que el bosque iba a estar muy presente por su aportación a mi equilibrio, y los autorretratos iban a mostrar momentos reales de catarsis emocionales, porque quería un proyecto muy honesto con la realidad que estaba viviendo. Además de aportarme ocupación, de estar activa creativamente, me aportó un gran conocimiento de mí misma. La fotografía nos permite expresar lo que sentimos en el momento de fotografiar, y luego, en las revisiones posteriores de las imágenes, nos abre las puertas a momentos de reflexión, que enriquecen el proceso.

P: La enfermedad, ¿le ha hecho cambiar su mirada, tanto a través del objetivo como más allá de él?

R: Si, evidentemente. En ambos casos. Mi mirada fotográfica es mucho más concreta, más natural , sin artificios. Algo así como «esto es lo que hay», sin dramatismos ni victimismos.

Respecto a la vida, yo ya convivía con una enfermedad crónica pero el cáncer te enfrenta tanto a la muerte como a la vida y te abre a reflexiones tales como si la vida que llevas es la que realmente quieres, qué quiero mejorar, qué puedo cambiar… Obviamente yo he pensado mucho en la muerte, en el proceso del morir, en los afectos y en las relaciones. Esto ha hecho que vaya introduciendo pequeños cambios en mi vida que me lleven a estar más de acuerdo con mis sentimientos más profundos. También te ayuda a relativizar y a darte cuenta de qué es lo que verdaderamente importa. Te enseña a agradecer, a tener paciencia, a confiar.

P: Su obra sirve para expresarse, pero también generará apoyo a otras mujeres que se enfrenten a este diagnóstico. ¿Qué mensaje querría transmitirles?

R: Una parte muy importante de este proyecto es que ha podido ver la luz en forma expositiva, permíteme que lo diga, gracias la comisaria Lucía Morate y a una subvención de la Diputación de Guipúzcoa, y a la colaboración de tres empresas (IDK Elektronika, Pelucas Luis Díaz, Serigrafía Induscreen), a las que quiero agradecer su apoyo y compromiso con la cultura y el cáncer de mama. Así como a la Asociación contra el Cáncer de Guipúzcoa, que me ha cedido el espacio para la exposición, durante todo el mes de Octubre.

Creo que hay que ser muy cuidadosos con los mensajes a transmitir, porque al final la enfermedad es individual, y cada persona tiene una manera diferente de afrontarla. Pero creo que es importante saber que durante un proceso oncólogico tenemos que ser nuestra primera prioridad, que dicho parece muy fácil, pero en la realidad cuesta poner límites a lo exterior. Es importante atender a nuestras necesidades, ser conscientes de ellas y aprender a pedir ayuda cuando lo necesitemos, tanto a la familia, amigos y si es necesario acudir a psicooncólogos, que con su experiencia nos pueden ayudar a entender todo este carrusel emocional y físico que genera un diagnóstico de un cáncer.

Confiar en los médicos que nos tratan, y hacerles partícipes de nuestros miedos e inquietudes. Apoyarnos en medicinas complementarias que nos pueden generar calma y bienestar, y pueden contrarrestar los efectos secundarios de los tratamientos. Son muchas vivencias nuevas, muchos miedos, muchas incertidumbres y hay que poder gestionar todo para estar en la mejor forma para poder recibir los tratamientos.

Me gustaría también señalar la validez de la fotografía como herramienta terapéutica, ya que nos aporta un mejor conocimiento de nosotros mismos, nos permite explorar en nuestro interior, nos ayuda a expresar nuestras emociones y es un apoyo creativo en cualquier proceso vital.

Tener la posibilidad de compartir este proyecto es una de las partes del proceso que más me aporta, ya que si de alguna manera puedo generar algún tipo de reflexión, de identificación entre las personas que visitan la exposición, es una manera de cerrar el círculo creativo a la vez que cumple un cometido social.