Seis consejos para conservar y almacenar correctamente la comida de nuestros perros y gatos

La alimentación de nuestras mascotas es una de las necesidades básicas más importantes de su día a día y un elemento esencial y prioritario para que gocen de buena salud. Por lo tanto, la manera en que almacenamos estos alimentos – mayoritariamente piensos y comida húmeda- va a contribuir en gran manera a una mejor y mayor conservación y durabilidad.

No hay que olvidar, además, que los alimentos para perros y gatos como los humanos están compuestos fundamentalmente por materia orgánica y, por extensión, expuestos a alteraciones tanto cerrados como una vez abiertos. Es importante estar pendientes de factores como la temperatura, la humedad (que provoca el odioso moho), el aire (que conduce bacterias) y la luz; así como tener en cuenta algunas recomendaciones que nos van a facilitar que la comida de nuestros compañeros de vida se mantengan en condiciones óptimas:

Los paquetes de pienso de gran tamaño pueden ser una tentación por el ahorro económico que reportan – a más kilos de pienso más barata será la proporción kilo/euro- sin embargo, es importante tener en cuenta tanto la fecha de caducidad del producto – no compremos un paquete de diez kilos que caduca el próximo mes si calculamos que nuestra mascota va a comer cinco kilos en ese periodo- y pensemos también que una vez abierto la calidad de producto disminuye tanto en nutrientes como en olor y sabor. Por lo tanto, la norma a seguir sería comprar y almacenar alimento para dos semanas vista o, como mucho, para un mes.

Al igual que hacemos con nuestra comida cuando vamos al supermercado hay que comprobar siempre la fecha de caducidad tanto de la comida seca como húmeda para nuestros perros y gatos.

Cuando el pienso está envasado en sacos de cartón o papel conviene tener el máximo cuidado en el transporte para evitar que éstos puedan rasgarse o romperse durante el traslado a casa.

Lo ideal es utilizar el propio envase del producto. Por regla general han sido diseñados para conservar la frescura de los alimentos y suelen venir con prácticos sistemas zip que facilitan su apertura y cierre (en caso negativo podemos usar las técnica del enrollado y unas pinzas tal y como hacemos en nuestra despensa con los paquetes de pasta o harina).

También se puede optar por traspasar el pienso a un recipiente especial para alimento de mascotas, herméticos y/o tipo tupper de plástico, metal o vidrio (lo recomendable sería meter dentro el paquete original). Una vez abierto, el saco de pienso debería llegar a las seis semanas en condiciones óptimas de conservación.

En este asunto, hay que seguir el sentido común. Busquemos lugares oscuros, frescos, limpios y secos. Donde no haya una excesiva humedad para evitar el moho o que el pienso se quede pegajoso, las altas temperaturas para que no se seque ni se descomponga, y alejado de la luz solar directa. Nunca dejemos el saco en zonas exteriores y si vivimos en casas con jardín o de campo colocar las bolsas o sacos de comida en un lugar elevado para evitar que se acerquen insectos o roedores.

Cuando están cerrados este tipo de alimentos -que suelen envasarse en latas o bolsitas- tienen una vida larga. Mientras no se abren debemos respetar las reglas anteriores de almacenamiento: lugar fresco, lejos de la luz del sol, seco y limpio. Una vez abierto debe conservarse bien tapado dentro de la nevera (por ejemplo con un papel film) o bien pasarlo a un recipiente con tapa para evitar que se reseque o coja mal olor; y siempre por un máximo de dos o tres días.