Longevas, delicadas y no tan peligrosas como se cree. Todo lo que necesitas saber sobre las tarántulas

Existen casi 900 tipos y es la araña más grande de la familia licósidos (Lycosidae). A pesar del temor que causan en muchos, no son animales peligrosos en general aunque sí muy sensibles a la manipulación. De hecho, una buena relación entre la tarántula y su propietario debe basarse siempre en cogerla lo estrictamente necesario y tomando las precauciones necesarias para evitar accidentes (a ellas) y mordeduras (a nosotros). Por tanto, la fascinación que encontremos en este animal debe estar más en su contemplación que en la idea de tenerla siempre en nuestra mano. Descubramos algunas de sus características:

Una de las peculiaridades de estos arácnidos es su longevidad, ya que pueden alcanzar hasta los 30 años de edad. Su tamaño es otra de sus características más importantes: algunas superan los 30 centímetros de longitud. Los colores mas habituales son el negro y el marrón y poseen ocho patas y ocho ojos aunque la vista, realmente, no sea su sentido más desarrollado: solo distinguen entre la luz y la oscuridad. Cuentan con un esqueleto externo (exoesqueleto), que utilizan para protegerse de todo tipo de agresiones y que debe renovarse cada cierto tiempo para que puedan crecer. Además, está cubiertas de pelo urticante, que también les sirve como mecanismo de defensa; y dos apéndices en la boca para cazar y copular en el caso de los machos.

Es importante ser conscientes del tipo de animal que nos llevamos a casa. Obviamente, una tarántula no es un perro o un gato ni se pueden establecer los mismos vínculos. De hecho, es casi imposible que nazca hacia nosotros ningún tipo de conexión o empatía por su parte o pretender que nos reconozcan. Sin embargo, son animales que se disfrutan de otra manera, que requieren cuidados sencillos, pocas o ninguna visita veterinaria, que no necesitan de grandes espacios y además, muy longevos, por lo que podremos disfrutar de su compañía durante mucho tiempo.

En estado salvaje las tarántulas se alimentan de insectos, ratones, pájaros, ranas y sapos, fundamentalmente. Suelen cazar en horario nocturno y para ello utilizan sus colmillos, a través de los cuales inyectan veneno a sus presas y las paralizan. Si conviven con nosotros en casa basta con darles de comer entre tres y cuatro insectos a la semana (grillos, cucarachas, saltamontes…). Aunque no coman a diario y parezca bastante sencillo alimentarlas hay que tener en cuenta algunas reglas básicas: los insectos deben estar siempre vivos, ya que deben ser ellas mismas quienes los capturen, y conviene comprarlos en tiendas especializadas (los del campo, por ejemplo, podrían tener enfermedades o algún insecticida).

Cuando adquirimos una tarántula es importante informarse de las necesidades específicas de humedad, temperatura e iluminación que necesita según su especie. Deben contar con un terrario, al ser un animal de pequeño tamaño no requiere que sea muy grande pero sí que esté acondicionado con un recipiente de fácil acceso con agua fresca, recubrirlo de barro para que pueda excavar y colocar alguna estructura de madera o ramas para que pueda construir su telaraña y trepar a su gusto. Por cierto, no se debe mantener más de un ejemplar en el mismo terrario porque se devorarían entre ellos.

Si necesitamos transportarla o sacarla de su terrario para limpiarlo es preferible colocarla sobre una hoja de papel o cartón o bien dentro de una caja que sobre la palma de nuestra mano. ¿Por qué? El abdomen de la tarántula es extremadamente delicado por lo que si llegase a caerse podría sufrir graves daños o, incluso, reventarse esta parte de su cuerpo. Por tanto, se recomienda tener muchísimo cuidado a la hora de manipularla. Un truco, si la colocamos en la palma de la mano coloquemos la otra debajo para que nos sirva como recurso o “red” si el arácnido comienza a desplazarse.

Una pregunta que suele traer consigo cierta confusión. Aunque la mordedura de la tarántula puede ser mortal para otras especies animales no reviste peligro para los seres humanos y su toxicidad es baja, mas allá del dolor que puede provocar que nos clave los colmillos y algunos efectos secundarios como sudoración, mareos o vómitos. En general, son animales bastante pacíficos que solo reaccionan mal con un buen motivo: por ejemplo, si la cogemos con demasiado frecuencia o de forma inadecuada. Por naturaleza son salvajes y no les gusta que se les manosee en exceso. Tener esto en cuenta, facilitará la relación.

Por otro lado, son animales muy seguros en cuanto a la transmisión de enfermedades se refiere. Que se sepa hasta la fecha, no contagian enfermedades a los humanos ni tampoco a otros animales de compañía.