Objetos de apego infantil: ¿hay que quitárselo al niño en algún momento?

No hace mucho tiempo abordábamos en esta misma sección la importancia de los objetos de apego – también conocidos como objetos transicionales- en la vida del niño y la importante función que juegan en el desarrollo del bebé. Se denomina así al objeto material – generalmente peluches, mantas o trapitos- que el bebé o niño elige por sí mismo (nunca se le impone) y que se convierte para él en una especie de amigo fiel.

Tal es la pasión y el vínculo emocional que se suele establecer con este objeto – se estima que el 70% de los niños tienen uno– que siempre está a su alcance y le acompaña en todos o casi todos sus desplazamientos: viajes, paseos al parque, la escuela infantil y, sobre todo, a la cama, donde también le ayuda a conciliar el sueño. De hecho, un curioso y muy interesante en un estudio realizado por la Universidad de Bristol y publicado en la revista Cognition se les pidió a los padres de varios niños de entre 3 y 6 años que llevaran a sus hijos al laboratorio acompañados por su objeto de apego.

Allí mostraron a estos niños cómo funcionaba una “máquina para copiar objetos” y les pidieron permiso para copiar su objeto de apego. El resultado concluyó que el 18% de los niños se negaron de forma rotunda a que copiaran su objeto y un 60% a cambiarlo, a pesar de que el objeto supuestamente copiado por los investigadores era nuevo. Unas cifras que no solo confirman la importancia de estos objetos para el niño sino su creencia de que éste es único para él e irremplazable.

Muchos padres tienen la idea preconcebida de que este objeto no debe permanecer por mucho tiempo o de forma muy intensa en la vida del menor, que puede crearle demasiada dependencia y que habrá que retirárselo en algún momento concreto. Nada mas lejos de lo recomendado por los especialistas. Según éstos, debe ser el propio niño quien por iniciativa propia y de manera natural vaya perdiendo el interés por este objeto o muñeco de apego. ¿Cuándo ocurrirá esto? No existe una edad ni un momento concreto sino que será el niño quien llegue a esta fase según su propio desarrollo madurativo.

Además, hay que respetar el potente vínculo afectivo que el pequeño ha establecido con él y bajo ningún concepto esconderlo o quitárselo de forma brusca. Se recomienda también mantener una actitud ‘neutral’ hacia el objeto: ni fomentar demasiado el cariño del niño hacia él ni que tampoco perciba que a nosotros nos parece una tontería para que por sí solo, lo vaya aparcando de forma gradual.

¿Por qué no conviene quitárselos antes de tiempo? Las razones que arrojan los expertos son varias. Por un lado porque genera una sensación se seguridad en el niño, porque le ayuda a mantener el vínculo afectivo con los padres sobre todo cuando éstos no están presentes (por la relación de afecto tan profundo que mantiene con él y porque, en parte, suple la figura de los progenitores), porque le ayuda a ganar independencia emocional frente a los adultos (aunque pueda parecer todo lo contrario), porque estimula su capacidad para crear vínculos afectivos, porque le ayuda a expresar sus emociones y porque, en ningún caso, perjudica su desarrollo ni su madurez.