¿Podemos comprometernos para toda la vida? ¿Tenemos tiempo para él? Qué tener en cuenta antes de adoptar un gato

Dar el paso de adoptar un gato va a significar con toda seguridad una alegría, un flechazo instantáneo hacia el minino y una gran ilusión para ambas partes pero también una responsabilidad y, en cierto modo, un cambio (o readaptación) del ritmo y modo de vida. Por eso, antes de iniciar el proceso, los expertos recomiendan tener en cuenta una serie de cuestiones que pueden ayudarnos a despejar dudas y tomar la decisión de la manera más consciente posible.

De hecho, la Humane Society of the United States (también conocida por sus siglas HSUS), organización creada en la década de los 50 en Washington DC y centrada en la promoción del bienestar de los animales, recogió en un documento varias preguntas que conviene plantearse ante de adoptar un felino.

Según la institución norteamericana, la primera de ellas sería por qué queremos compartir nuestra vida con un animal. “Adoptar un perro o gato simplemente porque es lo que la gente hace o porque los niños han estado lloriqueando por un cachorro generalmente termina en un gran error”. Hay que ser conscientes de que la mayoría de ellos puede vivir entre 10 y 20 años, por lo tanto, el compromiso no puede ser temporal sino firme y a largo plazo.

También es importante que nos interroguemos sobre el tiempo con el que contamos para su cuidado. Un gato no solo necesita que estemos pendientes de sus necesidades más básicas como comida, agua o limpieza del arenero; sino que también requieren cariño, compañía, visitas veterinarias periódicas, tiempo para su adaptación al nuevo entorno o para hacer ejercicio a diario. “Muchos animales en los refugios están allí­ porque sus dueños no pensaron realmente cuánto tiempo llevaba cuidar de ellos”, señalan desde HSUS.

El aspecto económico debe tenerse en cuenta. No solo los pequeños pero continuos costes que pueden suponer su alimentación, arena, premios, juguetes… Sino también las vacunas, las revisiones del veterinario, las visitas inesperadas por algún contratiempo de salud, o el gasto en un albergue durante las vacaciones.

La Humane Society pide también que valoremos los pequeños problemas que los mininos pudieran ocasionarnos: arañazos en muebles y sofás, consultas veterinarias de urgencia… Si vivimos de alquiler es importante asegurarse antes de la adopción que el casero está de acuerdo con que metamos dentro del piso o la casa un animal de compañía, mientras que si la casa es nuestra pero no vivimos solos hay consensuar la decisión de adoptar con el resto de los miembros de la familia o convivientes. Si tenemos planes próximos o futuros que puedan suponernos y suponerles un cambio importante como una mudanza o la llegada de un bebé hay que sopesar que consecuencias puede tener para el bienestar del animal.

Fundamental es valorar el tipo de vida que llevamos: por ejemplo, si viajamos con mucha frecuencia, el número de horas que pasamos fuera de casa al día trabajando o realizando actividades de ocio… y si seremos un adoptante serio y responsable: respetar el calendario de vacunación, identificar al animal con el chip, proporcionarle una dieta sana y los cuidados veterinarios esenciales.

También hay que tener en cuenta a quienes ya forman parte de la familia: tanto perros o gatos que podrían sentirse relegados o cuyo carácter puede verse alterado por la llegada de un nueva mascota – por ejemplo, si juntamos un gato senior de personalidad tranquila con uno cachorro mucho más movido- como niños pequeños que puede comportarse con mayor brusquedad con el animal.

Por último, el espacio o entorno también nos va a condicionar. Aunque un gato se adapta a cualquier tipo y tamaño de casa hay que reservarle espacios propios dentro del hogar ya que son animales muy territoriales: una zona de descanso, el arenero, el comedero y el bebedero, de juego…

Y una cosa más, asegurémonos de que todas las personas que viven en casa no sufren alergia a los gatos. Según el grado de alergia que tengamos la convivencia con el animal podría hacerse imposible.

Una vez decididos a la adopción en siguiente paso será buscar a nuestro nuevo compañero de vida. Existen varias maneras de proceder a una adopción.

Una de ellas sería preguntar en nuestro entorno o círculo de amigos por alguien que pueda tener una camada o no se pueda quedar con su gato y le esté buscando un nuevo hogar.

La más habitual es la de acudir a una protectora con la que podemos contactar a través de su web, redes sociales o teléfono y solicitando una visita. Generalmente nos realizarán un cuestionario para comprobar que somos aptos para la adopción y se suele pagar un coste por la gestión de entre 50 y 100 euros. En la mayoría de los casos el albergue o protectora entregará al gato con el chip puesto, las vacunas y su cartilla.

Si al gato lo encontráramos en la calle es importante, en primer lugar, hacer una visita al veterinario para asegurarnos si tiene chip y pertenece a otra persona que lo ha extraviado. En caso negativo y si queremos proceder a adoptarlo podemos aprovechar esa primera visita para que el veterinario le haga un chequeo general, lo identifique y le ponga las vacunas.