El Parlamento solicita un nuevo reglamento sobre la acrilamida en alimentos: ¿por qué se vigila?

La acrilamida es una sustancia química presente de forma natural en determinados productos que contienen almidón durante el cocinado a altas temperaturas. Se forma «gracias a los azúcares y aminoácidos que están presentes en muchos alimentos», un proceso químico que se conoce como «reacción de Maillard», tal y como explican en la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN).

La presencia de esta sustancia en los alimentos puede incrementar el riesgo de padecer cáncer, según datos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés), y resulta especialmente peligrosa en la infancia al ser el grupo de edad más expuesto por su menor peso corporal.

En este sentido, tal y como recoge la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), el Parlamento Europeo ha discrepado de la propuesta de reglamento relativa al control de la presencia de acrilamida en productos alimenticios y ha solicidado a la Comisión Europea que se desarrolle un nuevo reglamento con medidas más estrictas para la protección de la salud.

La Comisión publicó en 2019 la Recomendación (UE) 2019/1888 sobre el control de esta sustancia y en ella se reconocía la falta de datos sobre su presencia en determinados alimentos y se ampliaba la lista de productos para su vigilancia: pan de pita, tortillas de maíz o trigo, panes especiales, rosquillas, churros, barritas de cereales, muesli, granos de cacao tostados, frutos secos tostados o asados, entre otros.

Pero, ¿por qué no está de acuerdo el Parlamento con este reglamento? Según la OCU, los límites propuestos «son más permisivos», como ocurre con los alimentos a base de cereales, o «idénticos», en comparación con los marcados en las anteriores recomendaciones ya existentes.

Así, el Parlamento Europeo insiste en que «el límite debe establecerse por debajo del nivel de referencia, pues el objetivo es ir reduciendo progresivamente la presencia de este contaminante en alimentos», explica la organización. Por otra parte, considera que «deben establecerse límites máximos de acrilamida para otras categorías de productos«. Además de estas propuestas, el Parlamento ha solicitado lo siguiente: