Rituales del duelo, por qué son importantes y qué hacer cuando no se pueden llevar a cabo

El dolor que ocasiona la pérdida de un ser querido cercano, ya sea un familiar o un amigo, es uno de los más duros y universales. Este doloroso acontecimiento desemboca en el proceso de duelo, una transición que nos ayuda a asimilar la pérdida y a, con el tiempo, aprender a vivir sin este ser querido. En la mayoría de las culturas, ese proceso de duelo se inicia con una serie de rituales que nos ayudan a afrontar ese dolor, en nuestro caso, estar acompañados con otros seres queridos, poder velar el cuerpo, un funeral o ceremonia sea o no religiosa, etc.

Debido a la crisis del coronavirus, estos rituales no son posibles por motivos sanitarios, sobre todo en personas que mueren a causa de la Covid-19, cuando ni siquiera los familiares más cercanos pueden despedirlo en el momento de su muerte. No llevar a cabo estos rituales, o no hacerlo cómo nos gustaría, puede dificultar este necesario proceso de duelo. Natalia Sanz Velasco, psicóloga clínica especialista en duelo en el centro Mente a mente, nos habla de la importancia de estos rituales y de cómo compensarlos para hacer más llevadero el proceso.

Después de la muerte de un ser querido, en los primeros momentos aparecen una serie de sentimientos de manera natural, como son tristeza, rabia, impotencia, confusión o incredulidad. Llevar a cabo estos rituales “nos permite poner orden en el caos emocional que suele provocar la pérdida de un ser querido. El proceso de duelo implica una serie de tareas y los rituales nos ayudan con la primera de ellas: aceptar la realidad de la pérdida”, apunta Natalia Sanz. Estos rituales ayudan, por tanto, a la aceptación de lo ocurrido, “permiten que el dolor que sentimos sea reconocido por uno mismo y por los demás, dando un lugar para que recibamos el apoyo emocional que necesitamos. Cuando los rituales no se pueden realizar, las personas pueden sentirse solas con una variedad de emociones que van desde la tristeza a la rabia o el sentir ‘como si nada hubiera pasado’. Además, sin los rituales la aceptación de lo ocurrido se puede ver dificultada y con ello el avance por un proceso de duelo normal”.

Es decir, sin estos rituales, el proceso natural de duelo puede verse alterado y, en lugar de encontrar el equilibrio emocional pasado un tiempo, podemos quedarnos anclados, o bien en el dolor, o bien en la indiferencia. Con el tiempo, si no salimos de esa situación, es más probable que necesitemos ayuda psicológica.

Para que esto no ocurra, y dado que, en estos momentos, estos rituales se ven fuertemente alterados debido a la situación epidemiológica, Natalia Sanz Velasco aconseja “que algunos rituales se adapten a la situación actual mientras otros se aplazan hasta el momento en que se puedan llevar a cabo de la forma en que nos gustaría”. Y es que, aunque estos rituales estén fuertemente arraigados en nuestra sociedad, podemos crear los nuestros propios, “existen rituales personales que cada uno puede llevar a cabo por su cuenta, como escribir una carta de despedida, recopilar objetos o fotografías o llevar a cabo acciones que nos resulten significativas en nuestra relación con esa persona”. Además, en una época en la que la tecnología nos ha ayudado a estar más cerca de los nuestros y a no sentirnos tan solos durante el confinamiento, también puede ayudarnos a sentir cerca a los que más queremos en momentos difíciles e incluso a homenajear a los que se han ido sin despedirnos como nos gustaría, “las redes sociales pueden utilizarse para realizar homenajes y recibir el apoyo que no se puede recibir en los lugares habituales. También existe la posibilidad de que, respetando la libertad de cada uno, se lleven a cabo encuentros virtuales o actos simbólicos conjuntos en honor a la persona querida, aportando cada cual lo que desee, escritos, música, dibujos…”, asegura Natalia.

En general, es habitual que las personas superen los duelos con el apoyo de los más cercanos y que, al cabo de un tiempo, la angustia dé paso al agradecimiento por lo vivido. Sin embargo, en algunos casos, y más en las circunstancias que vivimos actualmente, puede ser necesaria la ayuda psicológica, especialmente, “cuando los síntomas habituales tras la pérdida de un ser querido se mantienen durante demasiados meses o cuando lo hacen de una forma tan rígida e intensa que no nos permiten continuar con nuestra vida”. Para que esto no ocurra, aconseja, sobre todo, cuidar de uno mismo y no exigirse demasiado, “en el camino personal que se inicia tras una pérdida es habitual pendular entre conectar con el dolor que se siente, y la necesidad de evadirse de este dolor. En este proceso, es imprescindible no perder de vista el cuidado de uno mismo: cuidar del cuerpo y escucharlo, buscar el apoyo emocional en círculos de seguridad, pero también respetarse si se necesita estar solo, no exigirse demasiado a nivel intelectual y permitirse aplazar decisiones y darle un sentido a la pérdida a través de actividades que nos conecten con lo que ha ocurrido, desde la creatividad a la espiritualidad”. Si, durante este camino, sentimos que nos quedamos anclados en el dolor, paralizados o somos incapaces de seguir adelante, no debemos dudar en buscar ayuda cuanto antes.