El Ministerio de Sanidad rechaza un ensayo contra la covid de una vacuna experimental española

La vacuna RUTI, ideada contra la tuberculosis por el científico Pere-Joan Cardona, lleva dando titulares desde 2004. El investigador, del Hospital Germans Trias de Badalona, convenció por entonces en un restaurante chino a un empresario perfumista, José Martínez, para que financiase su idea y juntos crearon una nueva compañía, Archivel Farma, bautizada así en homenaje a la pedanía murciana en la que se crio el mecenas. Cardona proclamaba entonces que su vacuna podría estar lista en 2010 para luchar contra una enfermedad que mata a 1,5 millones de personas al año, pero se equivocaba.

Han pasado más de 15 años y la vacuna —ahora financiada por el Grupo TGT, el rey de los quesos en España— sigue estancada. Sin embargo, Archivel Farma dio la sorpresa la semana pasada al anunciar que su producto experimental se reorientaba y se convertía en “la primera vacuna española que entra en un ensayo clínico internacional contra la covid-19”. La realidad, sin embargo, es más compleja y menos triunfante.

Las autoridades sanitarias de Argentina, efectivamente, han autorizado allí un experimento con 370 trabajadores sanitarios para evaluar la posible eficacia de la vacuna RUTI para frenar al nuevo coronavirus. La propia Generalitat de Cataluña, que financia una parte de la investigación con 200.000 euros, anunció que esta vacuna hecha en Badalona es “la primera del Estado que entra en un ensayo clínico para luchar contra la covid-19”. Hasta el expresidente de la Generalitat Quim Torra aplaudió la noticia. Pero la realidad es que las autoridades españolas han rechazado un experimento similar.

La vacuna RUTI, financiada por un perfumista y por un quesero, lleva 25 millones de euros de inversión acumulada

Archivel Farma, dirigida por la abogada Olga Rué, ya anunció el 8 de abril, en plena primera ola de la pandemia, el comienzo de otro ensayo clínico parecido, supuestamente con 300 profesionales sanitarios en el hospital de Badalona, pero nunca se inició. Los promotores, encabezados por el propio inventor de la vacuna RUTI, Pere-Joan Cardona, no solicitaron los permisos para el ensayo hasta el 7 de julio. Y la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), adscrita al Ministerio de Sanidad, denegó la autorización el 14 de octubre por “carencia de evidencia científica”, según confirma un portavoz del organismo a EL PAÍS. La agencia sí ha dado luz verde a otros 133 ensayos frente a la covid desde que empezó la pandemia.

La hipótesis de Cardona es que su vacuna experimental, realizada con fragmentos esterilizados de la bacteria causante de la tuberculosis, entrena a la inmunidad innata —la primera línea de defensa del cuerpo humano— y podría ayudar a frenar al coronavirus. Sin embargo, la respuesta de la AEMPS ha sido tajante. El portavoz de la agencia señala “la carencia de evidencia científica de que esta vacuna estimula la inmunidad entrenada y de datos de que esta respuesta inmune entrenada haya demostrado conferir protección frente a alguna enfermedad en algún modelo animal o en humanos”. Sin estas evidencias, añade la agencia, “no se puede iniciar la investigación en humanos”. Cardona, microbiólogo del Hospital Germans Trias y al mismo tiempo asesor científico de Archivel Farma, cree que están a tiempo de presentar más experimentos con animales y lograr la autorización.

La historia de la vacuna RUTI está llena de altibajos. Cardona también anunció en 2007 que su inyección contra la tuberculosis estaría lista en 2012. “El camino de la transferencia tecnológica es inescrutable. No ha habido fondos suficientes”, argumenta ahora el microbiólogo. La inversión acumulada en la vacuna RUTI es de 25 millones de euros, según la propia empresa.

A Cardona se le ocurrió la idea de la vacuna a finales de la década de 1990 y pronto embarcó en el proyecto al perfumista José Martínez, en aquella comida entre rollitos de primavera que en la empresa se recuerda como el día en que el futbolista Lionel Messi firmó su primer contrato con el Barça en una servilleta. En 2011, el mecenas murciano convenció a un amigo de la infancia, el empresario quesero Teodoro García Trabadelo (TGT), para que también pusiese dinero. García Trabadelo falleció en 2014, pero su empresa, el Grupo TGT —con marcas de quesos como Ronkari, Flor de Burgos y Le Rustique—, sigue siendo el principal inversor de Archivel Farma.

La RUTI es una de las 11 vacunas experimentales contra la tuberculosis que se encuentran en fases avanzadas de investigación en el mundo. Un estudio finalizado en 2011 en Sudáfrica con un centenar de personas mostró que la vacuna es segura y genera defensas, pero la empresa no realizó después ensayos más amplios, con miles de voluntarios, para averiguar si la inyección realmente protege frente a la tuberculosis. Todavía no se sabe si funciona. Archivel Farma pospuso en 2013 esta etapa final de la investigación, la denominada fase 3, por falta de socios de inversión, según su relato. Otras vacunas experimentales han tomado la delantera, como la desarrollada por la farmacéutica británica GSK y financiada por la Fundación Bill y Melinda Gates. La entidad de los Gates, la mayor organización benéfica privada del mundo, no mostró interés por poner dinero en RUTI.

El microbiólogo Pere-Joan Cardona, que fue en las listas de Junts pel Sí en las elecciones al Parlamento de Cataluña, sí ha recibido apoyo financiero de la Generalitat para su ensayo contra la covid

“Es un grandísimo ejemplo de lo bonito y lo complicado al mismo tiempo que es este proceso de transformar conocimiento biomédico en una cajita que se venda en una farmacia”, opina el biólogo Luis Ruiz Ávila, director ejecutivo de RUTI Immune, la nueva empresa creada por Archivel Farma para desarrollar la vacuna RUTI para la posible prevención de la covid. RUTI Immune ha recurrido a una plataforma de micromecenazgo, Capital Cell, para captar pequeños inversores a partir de 500 euros. Este jueves llevaban casi 1,4 millones conseguidos, el 85% de lo deseado.

Capital Cell describe el posible uso de la vacuna RUTI contra la covid como “uno de los proyectos de mayor trascendencia que se están desarrollando en España en estos momentos”. La plataforma de inversión subraya la oportunidad de negocio, mencionando las posibilidades de que RUTI Immune salga a bolsa o se venda a una gran empresa farmacéutica. Capital Cell también reconoce los riesgos: “No existen garantías de la efectividad de la vacuna, que podría acabar demostrando efectos positivos demasiado bajos o demasiado aleatorios como para tener una gran utilidad comercial”.

Pere-Joan Cardona, nacido en Manresa (Barcelona) en 1967, proclama que le gusta el riesgo. “Dicen que los españoles han aportado tres grandes palabras al habla universal: mañana, fiesta y siesta. ¿Qué aportaremos los catalanes? A mí me gustaría que fuera el dicho de que quien no arriesga no pesca”, afirmó el microbiólogo en 2015 en el blog de una asociación de científicos partidarios de la separación de Cataluña del resto de España. Cardona es conocido en el mundillo por colar inflamadas proclamas separatistas incluso en charlas internacionales sobre la tuberculosis.

“España es un país agrícola que se dedica a la caza y a atraer a jubilados, pero aquí [en Cataluña] no tenemos esa necesidad. Por eso la república nos permitiría aumentar la inversión en investigación y situarnos como un país puntero”, declaró en 2017 en un acto de la Asamblea Nacional Catalana, según publicó un periodista de El Confidencial presente en la sesión. Cardona, que había ido antes en las listas de Junts pel Sí en las elecciones al Parlamento de Cataluña, aseguró entonces que se sacaron sus declaraciones de contexto.

Las autoridades españolas han exigido a Cardona “que aporte evidencia en modelos animales de que su vacuna confiere protección frente a alguna enfermedad infecciosa, antes de iniciar la experimentación en humanos”

La tuberculosis es una de las enfermedades que más matan en el mundo, pese a existir una vacuna desde 1921. Esta inyección clásica, conocida como BCG, está elaborada a partir de bacterias vivas atenuadas de Mycobacterium bovis, una especie típica de vacas y muy similar a la responsable de la enfermedad en los humanos, Mycobacterium tuberculosis. Un tercio de la población mundial porta esta variante humana sin sufrir síntomas, pero el 10% de estas personas con infección latente sí pueden desarrollar la enfermedad activa a lo largo de su vida, según los datos de la OMS. La vacuna BCG es eficaz en niños, pero es poco fiable en adultos, por eso se buscan sustitutas.

Varios grupos científicos están investigando por otro lado si la vieja vacuna BCG protege además contra otras enfermedades, como la covid, al entrenar la inmunidad innata, una hipótesis abanderada por el inmunólogo rumano Mihai Netea. Pere-Joan Cardona defiende ahora que la vacuna RUTI también podría generar el mismo efecto, pero la AEMPS es mucho más escéptica. La RUTI no es una vacuna viva atenuada como la BCG, sino que está elaborada a partir de fragmentos de la bacteria Mycobacterium tuberculosis esterilizados.

“Su hipótesis es que se estimularía el sistema inmune de forma inespecífica, y de esta manera protegería de otras infecciones mediante el mecanismo de inmunidad entrenada. Sin embargo, solo hay evidencia científica débil que avale que la Mycobacterium tuberculosis autoclavada [esterilizada] estimula la inmunidad entrenada y, por tanto, se pueda esperar un efecto de protección frente a cualquier enfermedad infecciosa”, añade el portavoz de la AEMPS.

Las inyecciones que sí sugieren una estimulación de la inmunidad entrenada y una disminución de la incidencia de otras enfermedades son las vacunas vivas atenuadas del sarampión, la viruela, la polio oral y la propia BCG, pero no los fragmentos esterilizados de bacterias, según explica la agencia española. La AEMPS ha exigido a Cardona “que aporte evidencia en modelos animales de que su vacuna confiere protección frente a alguna enfermedad infecciosa, antes de iniciar la experimentación en humanos”.

El director ejecutivo de RUTI Immune, Luis Ruiz Ávila, reconoce que Archivel Farma dio un volantazo a su estrategia alrededor de 2012 y abandonó su idea original de intentar usar la vacuna RUTI como profilaxis para evitar que la tuberculosis latente —la que presenta un tercio de la humanidad— se convirtiese en enfermedad activa. “¿Qué ocurre cuando vas a preguntarle a Bill Gates si esto le parece una buena idea? Que te dice que no le parece una buena idea”, bromea Ruiz Ávila, autor del libro El negocio de la biotecnología o el arte y la ciencia de vender el humo para comprar la chimenea (editorial Bubok).

Tras tener que cerrar su planta de Badalona en 2014, la empresa resucitó en 2015 con una nueva estrategia: desarrollar su vacuna como complemento al tratamiento de la tuberculosis multirresistente. La idea ya no es que RUTI sea una vacuna para prevenir, sino para curar. La hipótesis ahora es que la inyección podría potenciar la acción de los antibióticos en los enfermos que no responden a los fármacos más habituales. Archivel Farma tiene en marcha un pequeño ensayo con 12 pacientes en Ucrania para estudiar si el pinchazo con RUTI facilita la respuesta a los antibióticos. Ruiz Ávila asegura que su objetivo ahora es llegar al mercado con una vacuna terapéutica para la tuberculosis en 2025 o 2026.

La vacuna experimental RUTI todavía no ha demostrado ser útil contra la enfermedad para la que fue concebida hace 20 años, pero Ruiz Ávila confía en que encuentre una segunda vida contra la covid, pese al varapalo de la AEMPS. “Yo no soy optimista y, de hecho, no transmito optimismo. Yo lo que digo es que tengo una hipótesis y tengo un instrumento para evaluar esta hipótesis, que es un ensayo clínico. No sobrevendo que RUTI pueda funcionar o no. Yo lo que digo es que hay una hipótesis razonable”, afirma.

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