Consejos para evitar que la mascarilla estropee el contorno de ojos

Desde que la mascarilla entró en nuestras vidas han cambiado muchas cosas. En nuestros hábitos, en nuestra estética y en nuestra imagen. No nos damos besos, no nos tocamos, ocultamos nuestra expresión bajo un antifaz. Y las señas de identidad han cambiado, desplazándose de una zona de la cara a otra.

Antes, la sonrisa era nuestro signo más empático, lo que más nos acercaba a las personas. Siempre se ha hablado del poder de la sonrisa: para conquistar, para vender, o para romper el hielo. Y una boca bonita, acompañada de un óvalo y unos pómulos hermosos, podían compensar unos ojos aunque no fueran especialmente gratos.

Hoy en día todo esto ha desaparecido. Y nuestra mirada se concentra únicamente en el tercio superior de la cara. Lo que produce ciertas sorpresas, cuando la otra persona se quita la mascarilla.

En general todos estamos un poco más guapos con la máscara, aunque no se nos reconozca. Lo que tapamos es muchas veces un plus de la persona. Así que básicamente somos unos ojos andantes.

Una mirada cuya expresión también cambia porque, sobre todo en pieles finas, el borde de la máscara presiona y provoca presiones en la piel que deforman el perfil del ojo. Dándole una forma que no es natural.

El roce continuo del borde del antifaz produce además una cierta irritación y sequedad que hace que la zona se deshidrate, que envejezca más rápido y que las patas de gallo se marquen de una manera notable.

Anatómicamente, la piel es como un pastel de milhojas y está formado por muchas capas semipegadas. El borde más o menos duro de la mascarilla hace que las capas tiendan a despegarse, apelotonando el tejido. Podríamos decir que frunciendo la piel. La consecuencia es que las bolsas y las ojeras se hacen mayores al funcionar peor la circulación de la zona. Y la epidermis aparece mortecina y apagada. Así que si queremos mantener el atractivo de la única zona visible de nuestra cara, tenemos que cuidar especialmente la zona del contorno de los ojos. Por un lado evitando su degradación y por otro potenciando su atractivo.

Es recomendable que utilicemos cremas específicas, que deben de tener un pH concreto para esa zona, que no es el mismo que el resto de la piel. Y debemos conseguir que estos cosméticos aporten dos cosas:

-Mejora de la microcirculación, acelerando la velocidad de la sangre y tonificando los vasos, aportando así más oxígeno y nutrientes. Plantas como la visnaga, el ginko o el hamamelis son sumamente eficaces.

-Regeneración de la piel y las vigas de colágeno. Aumentando el espesor de la piel y devolviéndole elasticidad al contorno de ojos. Para conseguirlo contamos con las células madres vegetales que estimulan el crecimiento de nuevas células que, al ser más activas, fabrican a mayor velocidad los materiales elásticos. Además materias como los asiaticósidos de centella asiática que favorecen la correcta cicatrización. Una capacidad que se ha puesto de manifiesto en las personas que toman medicaciones especialmente agresivas.

Es imprescindible, eso sí, la constancia y la disciplina. Solo la aplicación de una pequeña rutina nos hará disfrutar de los resultados, que son además muy visibles.

Jerónimo Ors, Farmacéutico y Director de Laboratorios Paquita Ors.